Dificultades diarias

Nos levantamos algunas mañanas con ganas de comernos el mundo, llenos de energía y optimismo, donde parece que todo va a ser sencillo y donde nuestro temor parece haber huido a no se sabe dónde. Pero creo que son más abundantes las mañanas donde la jornada se presenta como una verdadera batalla en la que hay que participar, donde nuestros propósitos parecen el fruto del sueño nocturno que se esfuman al despertar y no nos percatamos de que es el camino que Jesús nos ha mostrado. “Sin mí no podéis hacer nada”; “quien no toma su cruz y me sigue no es discípulo mío” “Si a mí me han perseguido también a vosotros os perseguirán”… Son palabras que a cualquiera darían la energía para afrontar todas las dificultades, pero no, no acabamos de creerlas (a veces esta es mi actitud ). Y a este talante se le llama tener FE.
Estamos a punto de acabar el año Paulino y me ha confortado leer un párrafo donde San Pablo habla de las penurias pasadas y ante estas palabras ¿de qué puedo quejarme? ¿Cuál es mi heroísmo? ¿Dónde dejo mis energías?Las dificultades no son de hoy, no son una novedad, hagámoslas nuestras compañeras de viaje, son las que nos muestran que vamos en la buena senda. Ahí va lo que nos relata San Pablo:

“Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas,una vez fui apedreado, tres veces padecí naufragio, un día y una noche pasé en los abismos del mar;muchas veces en viajes me vi en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi linaje, peligro de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros de los falsos hermanos, trabajos y miserias en prolongadas vigilias, en hambre y sed, en ayunos frecuentes,en frío y desnudez; esto sin hablar de otras cosas, de mis cuidados de cada día,de la preocupación por todas las iglesias (II Cor11,24-28)
Angel ST

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