Sus labores ¿O las nuestras?

Tengo muy presente una imagen de mi niñez en la que mi madre me pedía que le ayudara a doblar sábanas y me dijo: “Hazlo bien para que cuando te cases ayudes a tu mujer”. Debió quedarse muy grabado en mi cerebro, porque sigo haciendo toda clase de tareas propias del hogar. Recuerdo la primera vez que leí un artículo, sobre las labores que los hombres realizaban en su casa, me quedé sorprendido, por lo que yo consideraba algo rutinario en todos los hogares.

A medida que crecía me daba cuenta de que formaba parte del escaso número de varones que ayudaban en las tareas domésticas.


Hace 19 años que estoy casado y desde el primer día tuve claro que la nueva familia que se formaba era cosa de dos. ¡Y lo era en todo! Los quehaceres cotidianos ni siquiera estaban planificados. No pensé que al terminar mi esposa su trabajo, a ella le tocara seguir con el de casa y yo beneficiarme del confort en el hogar. Constantemente me he sentido en la obligación de hacer lo mismo que ella, aunque no siempre lo he conseguido.

Al escribir estas líneas pienso sobre todo en las madres o esposas que trabajando fuera , han adquirido también esta ocupación ,convencidas de que a ellas les tocaba afrontar solas esta carga. ¿Por qué vamos a designarles a ellas todo el trabajo, cuando vuelven a casa tras su agotadora jornada laboral? Acaso ¿no están igual de cansadas que nosotros, hijos, esposos y padres? Acaso ¿no tienen derecho a tener el mismo tiempo de relax, que tanto anhelamos nosotros? ¿Es que no les gusta a ellas, comer tranquilas sin tener que levantarse continuamente de la mesa atendiendo a nuestras peticiones?¿Es que no les apetece levantarse por la mañana y encontrar el desayuno preparado?¿Acaso ellas solo tienen que ser las expertas del funcionamiento de lavadoras, secadoras, hornos, lavavajillas, etc.?

No logro entender que nos pongamos tan pocas veces en su lugar. Y si lo hacemos, no entiendo porque no actuamos más con nuestra obligación. ¿O no lo es?. No podemos levantarnos por las mañanas y esperar a que todo esté preparado. ¿Por qué ellas tienen que ponerse el despertador antes que nosotros?
A lo largo de estos años he aprendido algo grande: ¡Las mujeres nos ganan en amor! Son sacrificadas. ¡Cuántas y cuantas veces nos lo demuestran! Y su fortaleza física y moral es envidiable.
Si ponemos amor, encontraremos amor. Ellas lo ponen todo ¿Pero lo encuentran por nuestra parte? Creo merece un examen de conciencia por nosotros los caballeros.

Hoy una vez más doy las gracias a mi esposa. Me solidarizo con todas las mujeres que cargan sobre sus espaldas el peso de la familia. Muestro mi admiración por las que agotadas no tiran la toalla y resisten cada día su combate interior.

Hace 2009 años que nos demostraron ,que ante las dificultades, no huían, por el contrario, permanecían fieles, creían y amaban. María, Marta, La Magdalena y otras ,son las que se quedaron al pie de la cruz. Ese fue su mayor testimonio de lo que significaba ser mujer .

A todas os concedo el gran premio: La copa más grande: Mi reconocimiento a vuestra labor. La mejor de todas. ¡Os mereceis lo mejor!
Angel ST

4 comentarios:

  1. GRACIAS. La Humildad nace, vive y crece en Amor. AC

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  2. LA FAMILIA SON TRES:
    Papá, mamá y los hijos.....
    De todos es la responsabilidad de la "casa" marche bien.
    Felicitaciones por poseer un sentido tan noble sobre lo que es la familia.

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  3. Bueno, bueno, bueno, querido ya amigo...no sólo me ha encantado verte por mi blog con tus palabras de apoyo y ánimo a la familia sino que encima, vengo a tu casa me encuentro con un hombre humilde y con un corazón enormeee!. Gracias, muchas gracias por pensar como piensas y creer en ello. Felicidades!

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  4. Cuando la mujer trabaja fuera y su jornada laboral es igual que la del hombre, es obvio que los dos deben hacer lo mismo en casa. Otra cosa es cuando la mujer no trabaja fuera o cuando llega a casa a la hora de comer, que también hay mucho feminismo por ahí mal entendido...

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