Tres cristianos

El cristiano de hierro trata de cumplir con sus deberes fundamentales, pero no tiene fuerza para el sacrificio y la renuncia. Vive en un estado de tibieza y superficialidad No le guía la razón, sino sus sentidos e instintos:Sus ojos tienen que ver todo. Sus oídos tienen que escuchar todo, enterarse de los últimos chismes, tiene que comer todo lo que encuentra.Lucha por evitar el pecado grave, pero está en peligro permanente de caer ante las tentaciones del mundo, de la carne y de los sentidos.Así, el cristiano de hierro es pariente muy cercano del hombre light, cuyo ideal es el del mínimo esfuerzo y de la máxima comodidad. Y nos damos cuenta de que no estamos tan ajenos de este tipo de persona.
El cristiano de plata es una persona activa, apostólica, espiritual, entregada. El cristiano de plata sí tiene fuerza de sacrificio y renuncia. Pero lo que le mueve en lo más íntimo son motivaciones naturales: la ambición, la vanidad, el egoísmo, el afán de ser reconocido y admirado. Su propio yo está todavía en el centro.Pienso que muchos de nosotros nos movemos todavía en este nivel del cristiano de plata. Nos cuesta dar el último paso, aniquilar el egoísmo en nuestro corazón y en nuestra vida.
El cristiano de oro es el hombre del más allá, que está arraigado totalmente en el mundo de Dios. Ha entregado su entendimiento, su voluntad y su corazón enteramente a Dios. Su lema es hacer sólo lo que le agrada al Padre. Se ha olvidado de sí mismo y mira el mundo con los ojos de Dios. El cristiano de oro quiere que Dios sea el timonel de su vida. Conoce un solo pensamiento: la voluntad de Dios, también en dolor y cruz. Por eso dice el Padre que el Cristiano de oro se hace realidad cuando toma en serio su cruz, cuando empieza a vivirla en su vida cotidiana.
Autor: P. Nicolás Schwizer Fuente: Retiros y homilías del Padre Nicolás Schwizer

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