Nueva Inquietud sobre el fin del mundo

Mi hermano me ha enviado su homilía para este domingo, así que la comparto con vosotros.

Hace unas dos semanas se estrenó en los Ángeles la película titulada “2012”. Había visto algunos tráileres de la misma por Internet, pero sobre todo había escuchado comentarios como los siguientes: “La película está basada en los calendarios mayas”. Uno, desde su ignorancia, se pone a pensar en que quizás exista una profecía en los calendarios mayas acerca de tal fecha. Pero después alguno que otro explica: “Parece ser que los calendarios mayas se detienen en el 2012 y por eso se cree que ellos predecían el final del mundo en ese año”. La cuestión ya va tomando sus matices. Y lo más interesante de todo es que a uno le van entrando ganas de ir a ver la película. Claro que otros ni siquiera se atreven, por el terror que sienten nada más nombrar el argumento de la misma. La curiosidad llega a su cenit ante el estupor que provoca el tráiler de la misma, cuando la basílica de San Pedro cae con la misma torpeza que el vaso de agua vertido sobre un invitado de honor. Al final el tráiler acaba diciendo: es un “entretenimiento espectacular”… y es que la película no pasa de esa calificación. “De un simple espectáculo audiovisual”; pero acabé mordiendo su anzuelo.



En el día de hoy, primer domingo de adviento, parecería que las profecías bíblicas encuentran su imagen en la película ¨2012¨, por lo menos así lo creerán algunos, desconociendo completamente el lenguaje bíblico, y sacudidos por ciertas predicaciones, incluso en la Iglesia católica, que anuncian catástrofes por venir. El miedo parece ser que todavía funciona a la hora de hablar de Dios. ¡Qué fácil es llevar el agua al molino propio de la inseguridad, del deseo de controlar las conciencias, de la autoridad afirmada por medio de la amenaza, de la satisfacción proveniente del impacto que se causa en los demás, o simplemente de la frustrada vida provocada por una fe moralista. Me inquieta mucho que usemos ese tipo de lenguaje catastrofista bajo la bandera del Evangelio. ¿Será que no llegamos a intuir el núcleo de su mensaje? O pensamos simplemente que, dado que el Evangelio utiliza ese lenguaje, también lo podemos utilizar nosotros tal cual, ¿Acaso no hay un final del mundo, y por lo tanto una segunda venida de Jesús? ¿Y de qué mundo se trata? me pregunto yo, ¿del que conocemos? ¿O quizá también del que no conocemos? Porque mundos, por lo visto, hay una inmensidad. Ante el misterio de lo desconocido hablemos sólo de nuestra historia y de nuestro sistema solar. ¿Se trata de que Dios vaya a destruir algo que El mismo ha creado? La cosa se va complicando cada vez más.

El profeta Jeremías habla de una restauración, a un pueblo en el completo desastre. En medio de la desolación de un pueblo se anuncia un vástago que será dado a la casa de David; su misión será el restablecimiento de la justicia y el derecho. En otras palabras, para que renazca un pueblo libre se necesita que caigan ciertos sistemas opresores, ciertas organizaciones humanas (o tal vez inhumanas), ciertas instituciones que parecen soles y astros, pero sólo porque se muestran inquebrantables, no por la luz que de ellas emana. De esos soles y astros nos habla el Evangelio. Es necesario que acabe la injusticia provocada por ellos; la opresión y el dominio, los intereses económicos de particulares, la indignidad a la que muchas personas se ven sometidas, las prerrogativas de unos grupos sobre otros, las instituciones divinas, o mejor dicho divinizadas, y por lo tanto inmutables… ¿Y todo esto para qué?: para permitir que el “Hijo del hombre venga sobre las nubes del cielo”. En otras palabras, para que Dios pueda manifestarse en la plenitud de lo humano. ¡O acaso olvidamos que la nube, más que una realidad espectacular, es símbolo bíblico de la presencia de Dios en medio de su pueblo! ¿Y dónde se da esa plenitud de lo humano sino en Jesús, hijo de lo humano? Ese día podremos ir con la cabeza bien alta. “Alzad bien la cabeza” para que veamos la gloria del Hijo del hombre. En esta línea discurre la carta a los Tesalonicenses, exhortando a una vida digna del ser humano que somos, y que sólo llega a su plenitud en la vivencia de la filiación, es decir, de la hermandad.

No estoy hablando de un paraíso terrenal, de un sueño infantil, o de una quimera fruto de la fantasía y la insatisfacción humanas. Estoy hablando de la “historia de la salvación” o mejor dicho de la plenitud de dicha historia. En palabras de San Pablo, de la soberanía de Cristo sobre el universo. Y aquí el término “soberanía”, aunque connote dominio, vuelve a ser imagen inadecuada para expresar la realidad de la plenitud humana en Dios. Todo lenguaje se nos queda corto. Yo voy a intentar resumir el Evangelio de hoy en un lenguaje propio, sin duda también inadecuado para expresar la riqueza del misterio humano en el misterio divino.

Se nos invita a la esperanza, y ese es el motivo fundamental del adviento. “Ven Señor Jesús”, significa que veamos llegar a su plenitud el destino de la humanidad. Pero para ello es importante que “levantemos la cabeza”, es decir, que nos sintamos orgullosos de ser humanos. Mientras no caigan los otros orgullos humanos; el de los imperios, el de las naciones, el de las razas, el de las posiciones sociales y económicas, el de los triunfos sobre los demás, el de la autosatisfacción altanera por haber conseguido lo que nadie consiguió… no veremos al Hijo del hombre venir sobre las nubes, o a Dios en la plenitud de lo humano. De lo que hay que sentirse orgullosos es de ser seres humanos, y mientras haya en este mundo un solo ser que se muera de hambre o sea víctima de la violencia tendré, yo por lo menos, un motivo para avergonzarme de ser un hombre. Lo que somos se realizará, pero antes hay que destruir, (no estoy hablando de violencia), lo que nos impide ser y vivir como hermanos y hermanas. ¡Ven Señor Jesús!
P. Nicolás Sánchez Toledano

9 comentarios:

  1. Impecable, profunda... Felicita a tu hermano y dale un abrazo de mi parte.
    He visto la película y la verdad es que a parte de los efectos especiales, el guión, como suele pasar en este tipo de films es cortito. Los efectos, eso sí, buenísimos..., y la pelí no deja de ser un entretenimiento más, sin buscarle tres pies al gato.
    Tu hermano lo ha señalado muy bien, este es un tiempo de esperanza, siempre lo es, porque la venida vendrá cuando tenga que venir. Nuestra labor, mientras tanto, será sentar las bases para que el Reino tenga cuantos más subditos del Amor, mejor.
    Un fuerte abrazo e insisto, magnífica homilia, gracias por compartirla.

    ResponderEliminar
  2. Estupenda la homilía de tu hermano y fantástico que te la deje compartir y nos llegue a nosotros.
    En cuanto al Fin del Mundo o el de los Tiempos, la verdad es que, con lo que nos están haciendo pasar los enemigos de Dios en la tierra, más que una inquietud sería un alivio, para los que tenemos nuestra confianza en Él, poder terminar con todo esto.
    un beso Angel, espero que te encuentres bien

    ResponderEliminar
  3. Gracias Ángelo por la homilía. Fantástica. Ciertamente el adviento nos llena de esperanza, también ante la venida gloriosa del Señor. Que bonito es pensar que nos vendrá a juzgar algún día. Habrá justicia de la buena por fin para tantas cosas que vemos, y también nos juzgará a cada uno. Si nos juzgara el mundo, o incluso nosotros mismos, estaríamos apañados, pero el juez será Jesús, en quien hemos puesto toda nuestra confianza. ¡Ven Señor Jesús!

    ResponderEliminar
  4. ¡Hola feísimoooooooo!

    Ains.. estoy espesita, no entiendo bien la homilía de tu hermano... luego volveré si puedo.
    En cualquier caso pienso que es una gran esperanza para nosotros que Jesús vaya a volver.

    La peli 2012, no me apetece nada verla, me da una pereza..

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. La que me apetece todo ver es la de San Pablo, el viernes la pusieron en el CEU, no pude ir.

    Ayer no pude comentaros pero muchas gracias a los dos por el Rosario bloguero por la vida, creo que lo deberíamos rezar algún otro día entre semana.

    Muchos besos a mis ángeles blogueros: Angelo y Arcen.

    ResponderEliminar
  6. Fantástica reflexión para comenzar el Adviento. Iba a decir algo, pero prefiero exclamar como hace el comentarista de Capellanía de Orvalle: ¡que bonito es pensar que el Señor nos vendrá a juzgar algún día!

    ResponderEliminar
  7. Que profunda homilia!

    He oído hablar de la película, pero no me apetece mucho. Me llaman poco la atención los efectos especiales y , por lo visto es lo mejor que tiene.

    Un saludo

    ResponderEliminar
  8. MARANATA!.
    Seamos de los que levantemos la cabeza con la venida del Señor. Es tiempo de celebrar la Primera Venida y prepararnos para la Parusia.
    besos

    ResponderEliminar
  9. Preciosa homilía y que bueno poderla compartir Angelo.

    Un cariñoso saludo :)

    ResponderEliminar