¿DE QUÉ FAMILIA SE TRATA?



Soñamos con una familia ideal, pensamos en una familia modelo, predicamos a la familia como base fundamental de la sociedad, imaginamos cuán hermoso es vivir en familia… ¡Socorro, tengo un hijo adolescente­! ¿Cuántos hijos hay que tener? ¿los que Dios quiera? ¿Tenemos que casarnos por la Iglesia? ¿Por qué no nos podemos divorciar? ¿Son malas las relaciones sexuales prematrimoniales? ¿Cuál es el rol del hombre y de la mujer en la familia?... “Mi marido me ha sido infiel”. “Mi marido me maltrata”. “Mi marido es un borracho”. “Mi hijo se droga”. “Mi mujer consiente demasiado a los niños”. “Cuando yo le reclamo a mi hijo, mi marido lo desmiente diciendo lo contrario” Ya no nos amamos. Nos falta paciencia… No me extraña; tantas situaciones deplorables no hay quien las aguante ni cuerpo que las resista. Pero quien cotidianamente se tropieza con todos estos escenarios de la vida sabe que el ser humano da de sí mucho más de lo que uno se puede imaginar.

Especulamos sobre la familia, como del primer grupo social existente (grupo primario lo llaman los sociólogos) y la nombramos “Iglesia doméstica”… ¿La educación de los hijos es una cuestión de la escuela o de los padres? Depende de qué tipo de educación se hable; Pero… Y a los padres, ¿quién los educa? ¿La transmisión de la fe se limita a la catequesis que prepara a los sacramentos? ¿Esta catequesis se da en la parroquia o en las escuelas, o son los padres quienes, educando, también se refieren a la fe? Una vez más hay que afirmar que todo depende del tipo de educación de la que se hable. Creo que, a la hora de hablar de la familia, hay que plantearse muchas preguntas sobre las familias reales que conocemos. ¿Cómo son? ¿Cómo viven? ¿Cómo se relacionan? ¿Cuáles son sus sueños y también sus frustraciones? ¿Cuáles fueron sus ilusiones y también sus decepciones? ¿Ayudan, acompañan, animan, ilusionan nuestras comunidades a las familias? Y, osando cuestionar más, ¿son nuestras comunidades una verdadera familia?

Será bonito soñar, pensar, predicar, imaginar, especular… Y hasta hablaremos maravillas sobre la Sagrada Familia, basados en los textos que hoy nos propone la liturgia dominical. Y es que todo lo que se puede decir de bueno en la familia, hay que decirlo de la Sagrada Familia, es decir de José, María y el niño Jesús. Nos cuesta, sin embargo, conciliar estas predicaciones con la decisión de Jesús de romper sus lazos familiares para ampliar los horizontes de la vida humana.

El evangelio de hoy nos transmite un episodio que parece presentar a Jesús en plena rebeldía adolescente; Jesús quiere afirmar su identidad ante alguien que esperara otra cosa de él. ¿O es que la pregunta de su madre no está revelando esa perplejidad? Como dice François Bovon: “Jesús no hace lo que quieren sus padres y sí lo que ellos no esperan. Ellos sufren por esto; cualquier madre comprende lo que siente María: hijo mío, ¿por qué has hecho esto con nosotros? Y Jesús… defiende sus opiniones con todo el desenfado de los jóvenes. Cuántas veces pasa esto en un conflicto de generaciones: la discusión acaba sin que los padres hayan comprendido a su hijo! Y el padre permanece mudo!” No hay que olvidar, sin embargo que también se trata de la pregunta del resto de Israel, a quien María representa, ante la ruptura de Jesús con una interpretación de la Ley basada en la tradición y no en la Palabra de Dios. Y José, como padre terrenal, está relegado por el verdadero Padre de Jesús, de cuyas cosas éste se ocupa. Lucas parece adelantar en su evangelio la dimensión universal de la familia de Jesús.

A la hora de referirnos a la familia resulta más cómodo partir de los ideales, de las normas, de lo establecido e intentar aplicar estos principios a la realidad. De ahí surgen preguntas como las que puse al principio, y también soluciones que no van más allá de la obligación a la que somete la norma. Decimos: “la familia debe ser…” El relato del Eclesiástico es un buen ejemplo de ello. Hay que honrar, sobre todo al padre, para garantizar el beneplácito divino. No se cuestiona la estructura patriarcal, simplemente hay que vivir en lo establecido de la mejor manera posible, según el querer de Dios. Lo mismo hace San Pablo en la carta a los colosenses. Parte de los principios generales y los aplica a la realidad familiar sin cuestionar si la misma estructura familiar no estará contradiciendo esos principios, provenientes del espíritu que animaba a Jesús y, sin duda, llenos de sabiduría. Pero hoy sabemos que necesariamente hay que romper con la estructura patriarcal para acercarse al espíritu de Jesús en la vivencia del amor.

Yo me pregunto si realmente nuestras estructuras están realmente al servicio de las familias, o sólo ofrecen servicios religiosos para familias e individuos. En esta observación quisiera que alguien, una vez más, me sacara de mi perspectiva para poder afrontar esta realidad desde otra óptica. Sin duda que hay muchas iniciativas en favor de las familias; grupos y movimientos que promueven a la familia y que viven en un espíritu familiar. No bastaría un libro para contar todas las experiencias que se dan en este campo en el seno de la Iglesia. Pero yo me pregunto, domingo tras domingo, si todos los que celebramos la eucaristía nos sentimos familia los unos de los otros, o sólo pensamos que al fin y al cabo lo que cuenta es “mi familia”. “Familia burguesa” la han llamado algunos, familia que sólo cuida su propio interés y bienestar, familia que educa para la sobrevivencia de los suyos… familia aislada en un mundo anónimo e insolidario.

Gracias a Dios, junto a esta sensación, también descubro sensibilidades, iniciativas, acciones… que anhelan, se empeñan y luchan porque se haga realidad el sueño que animó la vida de Jesús, el del reino de Dios, que tiene que ver con la familia, que tiene que ver con la paternidad y la maternidad de Dios, que tiene que ver con la hermandad universal vivida en el ámbito local.

“Manos Unidas” tiene un lema que dice: “piensa en lo universal y actúa en lo particular”. No llegamos a Copenhague, pero sí a nuestra familia particular y a nuestra comunidad parroquial. ¿Qué hacemos para crear familia más allá de “mi” familia?

P.Nicolás Sanchez Toledano
Parroquia del Perpetuo Socorro
Santa Clarita - California


5 comentarios:

  1. Muy ciertas estas palabras, Nicolás!
    Feliz Navidad

    ResponderEliminar
  2. Jesús, José y María sed la salvación del alma mía.

    Feliz Navidad.

    ResponderEliminar
  3. ¡Feliz Navidad!, para tí y tu familia. Gracias por tu blog tan enriquecedor.

    ResponderEliminar
  4. Jesús, maría y José, haced que nuestras familias estén siempre con los tres.

    Angel: mañana, día de los Inocentes, publica si puedes una esquela de difuntos en tu blog por los niños abortados.
    la campaña de //infocatolica.com/ era para hacerlo en los diarios, pero también es buena idea hacerlo en en los blogs.
    Yo la he copiado de Info católica.

    Un beso

    ResponderEliminar
  5. Que bellas palabras y cuanta verdad en ellas.

    Un cariñoso saludo :)

    ResponderEliminar