LO SIENTO


Lo siento, ya no aguanto más tiempo sin denunciar algo que a menudo me saca de mis casillas. La exposición que quiero hacer, corre el riesgo de faltar a la caridad o de hacer juicios temerarios; lejos de mí esa intención; pido al Señor que consiga plasmar lo mejor posible, aquello que a veces me turba.

La iglesia es mi casa. La parroquia es de los parroquianos. No es raro oír estas afirmaciones, llenas de razón, y sin embargo muchas veces, acabo preguntándome ¿cuántos la sienten así?

¿Apreciamos que nuestra parroquia es nuestra casa? ¿Y qué pasa? ¿No queremos que esté con los bancos limpios y suelo reluciente;con abundante luz, calentita en invierno y fresca en verano?¿No queremos que nuestras ceremonias estén llenas de solemnidad, con todas las luces encendidas, flores frescas, alfombras, y velas? ¿No nos gusta ,que saquen las mejores vestiduras y vasos sagrados? ¿No nos deleita escuchar el sonido del órgano para acompañar a la liturgia?¿No queremos puntualidad y que todo esté preparado, necesitando para ello un sacristán que tenga todo  en su momento?¿ Encontrar un aula para catequesis, con sillas, mesas, pizarras. Otra para el grupo tal o cual. Teléfono para el despacho parroquial? Fotocopiadora, internet… No sería difícil continuar esta lista.

Ya dije que no quería entrar en los juicios temerarios. Hay muchos que colaboran con su tiempo, de una forma desinteresada. Voluntarios, catequistas, y profesionales que ofrecen su servicio como un acto de entrega a la comunidad.


Los gastos ¿ Lo cargamos todo a la cuenta del párroco? En España no llega a mil euros lo que un sacerdote cobra. Aunque no lo parezca, también se ponen enfermos, también tienen que lavar y planchar su ropa, afeitarse y ducharse, pagar gasolina, móbil , ir al dentista, abonar impuestos, arreglar las cosas rotas y realizar cualquier imprevisto que a todos nos surge. ¿Por qué no intentamos hacer un presupuesto con estos datos? Y después le decimos que pague todo lo de la parroquia, porque… ¿De quién hemos dicho que era?

Por favor, seamos realistas. La parroquia es nuestra comunidad, el lugar donde no puede excluirse a nadie y donde cada uno forma parte de ella, con los mismos derechos y obligaciones.No puedo entender que en las colectas de la misa, las monedas más pequeñas tengan el gran protagonismo. A veces ni ellas, sino lo que se encuentra bajo apariencia de moneda, o la cesta casi vacía. Dicen que los primeros cristianos tenían muy claro esto de ayudar. La viuda del evangelio , siendo muy poco lo que tenía, lo dio todo, no lo que le sobraba, así que ojo al ponerla de ejemplo.


Nadie duda en tomarse unas copas y tapas al finalizar la misa, o un helado, o comprar el diario dominical. Todos sabemos que podemos privarnos de algo. ¡Tampoco se nos pide un imposible! Si todos los asistentes dieran un solo euro, otro gallo cantaría. He conocido a niños ,que sí han sabido privarse de una paquete de golosinas, o la compra de cromos, o un revista y no han dudado en ofrecerlo para el servicio de la parroquia. ¡¡¡Y además lo han hecho con alegría!!!

A veces me salgo de mis casillas, porque he oído al párroco invitar a todos ,a una colecta ante las necesidades de la Iglesia, y me quedo patitieso al ver que son muchos los que pasan olímpicamente del tema. Sí, es verdad, a lo mejor en ese momento no llevan nada, pero en otra ocasión,  se puede ejercitar un poco mejor la memoria y la generosidad.

Y lo más importante de todo. ¡¡¡ Es la casa donde vive Nuestro Señor!!! ¿Quién no prepara la suya a conciencia y con detalles a la hora de recibir visitas? ¿Cómo no vamos a cuidar el lugar donde habita Nuestro Dios?

Las parroquias no pueden mantenerse sin nuestra aportación. Cada vez que nos presenten la cesta, pensemos en lo que vamos a regatear o en lo que aportamos, para que nuestra casa esté preparada, para el Señor. El párroco a su vez, tiene la obligación de dar cuentas de lo recibido y sé que la casi totalidad de ellos lo hacen, y lo que muchos no saben, es que ellos también aportan mucho de lo suyo, al servicio de la parroquia y parroquianos.

Me contaron una vez un chiste, que viene muy bien al post de hoy.

Cuentan que un día el euro , se puso muy malito y finalmente, se murieron todos los billetes y monedas. Se van al cielo y piden permiso para entrar. San Pedro les dice que ninguno de ellos puede hacerlo.
- ¡No fastidies! ¿Pero cómo que no? -dice el de 500 €-Yo soy poderoso y tengo las puertas abiertas pues en todas partes me quieren. Igual yo -dice el de 100 €- Todos me quieren tener, ¿por qué no podemos entrar? Y yo -dice el de 20 €.
- No insistan -dice San Pedro, -no pueden entrar al cielo, mmmm.... tal vez el de 5 € pueda hacerlo.....
En eso se oye un raro ruido, son todas las moneditas de 0.10, 0.20 y 0.50 céntimos que también habían muerto...
- Pasen, pasen -les dice San Pedro- Las puertas del cielo están abiertas para ustedes.
Los billetes se ponen muy enojados y reclaman, -¿por qué razón ellas que valen menos sí y nosotros no?
San Pedro les responde:
¡¡¡ Porque ellas sí van a la iglesia los domingos !!!

¡Alabado sea Jesucristo!

17 comentarios:

  1. Tienes toda la razón Ángel, lo tendré muy encuenta.
    El chiste de las moneditas es verdad, ellas van los domingos a Misa.
    ¡Que tengas una santa semana!
    SL2!!

    ResponderEliminar
  2. ¡Qué cierto es esto que comentas, Angel! Es un tema vergonzoso, la verdad. Los católicos parece que no nos damos cuenta que la parroquia depende de nuestras aportaciones económicas. Y sabemos muy bien que estos gobiernos anticristianos que tenemos no están por la labor, por decirlo de forma elegante.
    ¿Qué hacer para que todos nos concienciemos de que si somos iglesia, debemos cuidarla?

    Gracias por hacerlo tú en tu blog.
    Un abrazo.
    :O)

    ResponderEliminar
  3. El chiste lo has "clavao".

    ResponderEliminar
  4. Cierto todo lo que dices y necesario que se diga. Habrá que recordar incluso, aquel mandamiento de la Santa Madre Iglesía que obliga a AYUDAR A LA IGLESIA EN SUS NECESIDADES, yo diría que, empezando por las más cotidianas....
    ¡¡GENEROSIDAD!!

    ABRAZOS

    ResponderEliminar
  5. Pues si, la verdad es que ...algunos ni cuidan su casa, ni de si mismos..hay que rezar mucho para que el Segnor nos saque de tanta dejadez con todo y nos mande al Espiritu que nos impulsa a glorificarle.

    El dinero no vale nada

    ResponderEliminar
  6. Como siempre me uno a tu entrada y en comunion contigo Angel.....amemos nuestra Casa porque en ella está Dios en Persona sacramentalmente y vivimos la comunion de los santos.un abrazo

    ResponderEliminar
  7. Eso me recuerda un día que en misa a una abuela al echar en la cesta, se le cayó la moneda al suelo, y empezó a rodar haciendo que varias personas hicieran por cogerla aunque se les iba escapando, mientras la que llevaba la cesta esperaba y los que estábamos alrededor nos distraíamos, y todo por una moneda de 5 céntimos!!

    Pero bueno, soy la menos indicada para hablar, porque no echo ni un céntimo, y es algo que me lleva rondando la cabeza ya un tiempo, porque me excuso con que no trabajo, pero lo cierto es que cuando salgo no escatimo en gastar lo que necesite, así que a ver si me enmiendo... Me gustan estos recordatorios que nos haces!

    ResponderEliminar
  8. Lo has dicho muy bien Angelo. Yo como tengo menos paciencia y mas malas pulgas lo habria dicho peor.
    Yo sali en mi comunidad para hacer el servicio de ostiaria. Y aunque no lo queria lo acepté. Estoy aprendiendo mucho a tener paciencia y decir las cosas de mejor manera y con mas caridad al potro. Pero de vez en cuando se me escapa el tipico: a ver si nos mojamos todos el culo que esta es nuestra casa. no esperemos que salga cristo del sagrario dandonos voces para que nos convirtamos. Y es que tanto a los signos como a los gastos de la iglesia, nosotros mismos no le damos la importancia y el respeto que merecen.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  9. Buenos días Ángelo. Cuanta razón llevas, pero cuando se habla de colectas como la de Cáritas del próximo Domingo, en seguida el cura habla de todo lo que es dar: tiempo, atención, etc. y como vergonzosamente habla del dinero o acaba diciendo que es lo menos importante de todo, y amí mi trabajo me cuesta, y tiempo y esfuerzo y mi poco ingenio para que al final te vengan con " lo fácil es dar dinero y lavarte la conciencia". Bueno, que viendo como resultan las colectas al final de la misa me alegro de que la gente sea tan "viuda pobre" y arroje los cobres, para que espabilen y sepan de paso que explican muy mal las parábolas ¿Las entenderán?. En cambio en los monasterios, que curran desde antes de que salga el sol saben cuidar en cuerpo y alma a sus benefactores.Un abrazo.

    ResponderEliminar
  10. Angelo,una vez más poniéndonos las pilas,gracias y a reflexionar y obrar,que voluntad ponemos mucha pero luego...
    Un cordial saludo.

    ResponderEliminar
  11. Basta poco per fare del bene, caro Angelo.

    ResponderEliminar
  12. ¡Qué razón tienes!
    Hablar de limosna, no es solo hablar de donar a la iglesia, monetariamente hablando, es también dar atención material y espiritual a nuestro prójimo más necesitado.

    Preciosa entrada.

    Un beso y feliz tarde para todos.

    ResponderEliminar
  13. Hola Angel!...el chiste esta muy simpatico...aunque es triste el trasfondo...ademas este post es una "jaladita de orejas" para mi :(... gracias y muchos saludos!!!!

    ResponderEliminar
  14. De vez en cuando saco cuentas para ver si lo que estoy aportando monetariamente a la Iglesia corresponde a algo mas que el diezmo.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  15. Gracias por recordarmelo
    buena semana¡

    ResponderEliminar
  16. Antes la Iglesia, el Templo, se definía como la Casa de Dios, ahora es como más nuestra y parece que nos resbala, queremos que nos lo den todo hecho y pagado.
    Hace unos años el que era párroco de San Miguel, dijo un domingo con mucho tacto a los feligreses, animando a la colecta:
    "Lo que hace ruído, vale poco" se refería a las monedas de antes porque ahora ni los euros suenan.
    Un beso, Ángel

    ResponderEliminar
  17. Antes la Iglesia, el Templo, se definía como la Casa de Dios, ahora es como más nuestra y parece que nos resbala, queremos que nos lo den todo hecho y pagado.
    Hace unos años el que era párroco de San Miguel, dijo un domingo con mucho tacto a los feligreses, animando a la colecta:
    "Lo que hace ruído, vale poco" se refería a las monedas de antes porque ahora ni los euros suenan.
    Un beso, Ángel

    ResponderEliminar