YO VOY AL BARBERO


El lunes, nuestro amigo Arcendo nos contaba una excelente anécdota, que se desarrollaba en una barbería.Pues me viene de perilla, para elogiar hoy a los barberos.Soy de los que están a favor de la barbería de toda la vida. Mis razones para aconsejar a los hombres que se inclinen por los barberos - y sólo barberos-:

Tras experimentarlo en propia carne, tengo que decir que un barbero sabe como cortar el pelo. Las pocas veces que he acudido a uno de los grandes salones unisex, nunca he salido como deseaba. Siempre ha resultado ser el experiemento del estilista con mi cabeza, porque estilista y barbero no es lo mismo y si no llama así a uno de ellos y verás que pronto te corrigen. Y es verdad ¡no es lo mismo!


He conocido algunos de ellos cuando aprendían el oficio y se aficionaron a usar la tijera sin más, en llenar de potingues la cabeza para ser teñida, en usar permanentes y demás cosas, que un hombre puede prescindir.Ni idea de pasar una maquinilla, así que el corte de pelo resultante, además de no responder a lo deseado, uno comprueba al día siguiente, que ya no sabe si ha ido a cortarse el pelo o a que se lo desordenen.

Vamos al afeitado. De vez en cuando me concedo el gusto de experimentar la sensación agradable que produce que alguien te afeite la cara.  Ni os cuento la que que pone el estilista ,si le pides que te afeiten; lo desarmas , lo desanimas, y logras ponerle nervioso. Lo único relacionado con rasurar con lo que están familiarizados , es pasarte una de esas tiras de cera superdolorosas, para arrancarte cualquier pelo que aparezca en caulquier parte del cuerpo.


En una ocasión,(la única) pedí a uno de estos estilistas que me afeitara ,y mi asombro fue monumental, al ver que sacaba del cajón, una cuchilla de esas que van en en bolsas de tres, de las funda de plástico y desechablse. Nada de brocha masajeante, ni la famosa cuchilla "cortagargantas"que con tanto arte y destreza manejan los verdaderos barberos. Un buen chorro de espuma aplicada con las manos, es la solución que me aplicó el estilista  . Ni la toalla caliente tras el afeitado, para calmar la irritación, ni el agradable masaje, al aplicar una buena loción que refresque y perfume la cara recién afeitada.

Menuda diferencia. Afeitarse en una barberia es un lujo, una experiencia relajante, saliendo con el afeitado más suave y apurado de tu vida.


Mi experiencia de acudir a los salones unisex de peluquería duró muy poco. El barbero de mi barrio no necesita ninguna indicación cuando me siento en el sillón. Me dejo hacer y el resultado es fantástico.Salgo como nuevo.
¡Alabado sea Jesucristo!

Si quieres un corte de pelo virtual, te invito a que entres en esta barbería.

Atención: Se tiene que escuchar forzosamente con auriculares.Bueno para los que no saben que es un sonido holográfico les explico. Es un nuevo tipo de onda 3D. Las ondas no llegan con la misma intensidad a cada oido. Son micro variaciones de las frecuencias que hacen que el cerebro asigne unos valores de elevación, altura y laterización, ángulo a la fuente de sonido. Así nuestra cabeza sabe desde donde le llega la voz. Si grabamos con dos micrófonos imitando la posición e inclinación de los tímpanos, se pueden recoger esas microvariaciones. Además, dado que se trata de alteraciones en la frecuencia y la velocidad, existe un algoritmo que es capaz de imitar y enfatizar esos desfases del audio, digitalmente.
Recordad: Es forzosamente necesario escucharlo con auriculares, sino sería un sonido normal.
Aunque os invite a cerrar los ojos no lo hagáis si queréis leer la traducción.


8 comentarios:

  1. Me gusta tu post, mi Pepe cuando va su pueblo, aunque no lleve pelo se llega a su barberia a que se lo corten. En su pueblo solo hay dos barberos, gerenaciones de siempre que mantienen la barberia como antaño sus antecesores. A mi que soy mujer, me encanta sentarme a esperar a Pepe, y casi me gustaria probar ese viejo sillón de nuevo. En verano hace años cuando era una niña y estabamos de vacaciones, ya acompañaba a mi padre que le gustaba pasar por aquella barberia y entonces si probé ese sillón. ¿Quien iba a decirle a aquella niña que años despues esperaria en el mismo banco de madera a un marido en vez de a un padre. Si yo fuera hombre no tendria ni que molestarme en pensar a donde ir.
    Me gustan estas entradas cargadas de nostalgia que te hacen poder pasearte por rincones bonitos del pasado.
    un beso.

    ResponderEliminar
  2. Por un momento imaginé que mi pelo iba cayendo al suelo mientras pasaba la maquinilla por las orejas. ¡Qué sensación!

    Gracias por compartirlo. Un abrazo :)

    ResponderEliminar
  3. Bueno... yo experiencia en esto no tengo pero recuerdo de cuando era niña una barberia cerca de casa allí en Madrid, era una barberia antigua, tradicional, con su farolillo caracteristico rojo, azul y blanco en la puerta, con sus azulejos cerámicos en los que se representaba al señor bigotudo de siempre esperando a ser afeitado... con su barbero a veces asomado a la puerta con las manos a la espalda y de cuyos bolsillos del baby blanco asomaban las tijeras relucientes... creo que aún permanece el local con la misma estética aunque ya no es barberia...
    Ya ves, tu post me trajo recuerdos infantiles...
    bonitos recuerdos...

    En cuanto al video,curioso...

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Pase a visitarte y difrutar en esta barberia con tu entrada, bello, infinitamente bello y encantador. Lo he disfrutado. Saludos desde Jaen

    ResponderEliminar
  5. Mento: Muchas gracias por tu bella anécdota. Me encantan esas descripciones de los lugares. Un beso

    María: Me has hecho reír. Gracias por entrar a dejar tu mensaje. Un abrazo

    Gran Visigoda: Bueno,Bueno,Bueno, cierro los ojos y me imagino todo lo que describes y menuda nostalgia de mi niñez cuando mi padre me acompañaba. Muchas gracias por traerla. Un beso

    Miguel: Un placer encontrarte por aquí de nuevo. Ya veo que también eres de los que disfruta en la barbería. Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. Querido Angelo, ¡muchísimas gracias por tus atenciones constantes, lo que valoras nuestras aportaciones y que, además, nos respondas a todos, qué detalles! Una vez más, voy a abusar de tu confianza porque me ha salido un comentario larguísimo…
    Sigo siendo “Camino García” aunque google y mi torpeza me hunden en el anonimato.
    Bueno…, primero que el sonido del vídeo es chulísimo, qué cosas inventan. ¡Gracias por traérnoslo! Después que me ha sorprendido esta entrada tan entrañable y trabajada: parece que se siente el masajito y todo. En Calatayud, mi pueblo, todavía hay una barbería por lo menos –que yo sepa- y a mí me encanta pasar por delante y, echando sólo una ojeada (es pequeñita y se ve prácticamente entera tras los cristales y la puerta casi siempre abierta), me siento trasladada a los años de mi infancia, el tiempo parece haberse detenido: tiene el material estrictamente necesario ¡austera, como eran tantas cosas antes! pero el ritmo pausado, gustoso, de tertulia en medio de la labor, desborda el pequeño espacio físico. Alguien hojea un periódico; el barbero escucha al relajadísimo cliente a la vez que maneja sus tijeras y el peine de un modo hipnotizante; otro se asoma a saludar al embadurnado con el jabón justo en el momento en que casi ni puede abrir la boca…
    La última vez que fui al barbero fue con mi tío, que, como os dije, hace poco más de un mes nos dejó. Me lo llevé –como tantas veces- de paseo por el pueblo, guiados por su “GPS digital”: su mano derecha se alzaba lenta y despaciosamente y elegía bocacalle. La silla de ruedas entraba fácilmente en la barbería de su amigo. Atentos, los presentes hicieron sitio con un silencio que revelaba su cariño hacia mi tío: su progresivo deterioro físico los enmudeció: castellanos… ¡Qué delicadeza al lavarle a pesar de la rigidez de su cuello! Y el ayudante del barbero –un síndrome de Down más feliz que muchos triunfadores del mundo, estoy segura- escobaba el pelo cortado mientras contaba sonriendo no recuerdo qué. Hacía décadas que no oía el “chas-chas” rapidísimo de las típicas tijeras tras el peine que “dirigía la operación”. ¡Guapísimo! Ya sólo faltaba un cigarrito a escondidas en un recodo por allí cerca por si nos veía alguna vecina que después pudiera decírselo al personal de la residencia; no dejaba de tener su encanto: una mirada pícara de adolescente en unos ojos azulísimos de ochenta y dos años es algo especial.
    Y de vuelta ya en su habitación:” ¿Sabes, rica? Como me queréis y me cuidáis tanto, algunos abuelos luego me miran distinto… ¡y alguna cuidadora también!”.
    “Gracias, gracias, gracias… Cuida, rica, con la carretera ahora.” Y su felicidad profunda bajaba en lágrimas mientras yo contenía las mías camino de la salida.

    ResponderEliminar
  7. Camino: Muchas gracias. Vaya descripción la tuya. Te ha salido mejor que mi post. Que bien sentirse cuidado.Un beso y mucho ánimo. Estás en mi oración

    ResponderEliminar
  8. que lio con las tijeras y la maquinilla de afeitar
    es que la orientación no es lo mio, ni siquiera con auriculares

    ResponderEliminar