Limpios y aseados


Leí hace días una reflexión que me hizo detenerme en un párrafo de la misma , impidiendo que siguiera con el resto en ese momento. Hablaba del infierno, de los que se condenan . Que difícil es apartar la imagen de un Dios, que parece estar detrás de la esquina esperando a vernos caer para condenarnos.

San Juan Pablo II, nos ayudó muchísimo a entender la misericordia infinita del Señor  que espera que todos los hombres se salven y gocen con Él en la vida eterna.  En mi lectura, tropecé  con  algo que muchas veces había meditado ,pero  que siempre acababa en una imagen un poco “indefinida” , consiguiendo que no me alargase en ella. 

En un ejemplo sencillo, entendía con claridad lo que ya sabía. Las palabras encontradas adquirieron un grado de nitidez , que me ayudaron a conocer una gran realidad : ¡No es Dios el que condena  a un alma!

El libre albedrío, con el que venimos a este mundo, nos permite elegir la forma de presentarnos ante la vida  eterna.  ¡A buenas alturas lo descubro!... pero ya sabes  que las cosas del Señor se viven de forma íntima , y difícil de exteriorizar  cuando se perciben en el momento más simple y menos esperado.

La frase que interrumpió mi lectura fue la siguiente: "Por lo tanto, aunque  Dios mandara entrar un alma sucia al Cielo, ella misma se negaría a entrar por vergüenza".

Lo ví clarísimo y es muy fácil de recrear en nuestra imaginación : ¿Quién osaría entrar sucio y con toda la ropa manchada en un banquete nupcial? ... Enseguida experimentaría  que se equivocó acudiendo de esa forma, descubriría que aunque los novios insistieran en que pasase al interior, la vergüenza, le impediría complacerles. No pudiendo asistir,  el sentimiento de tristeza se apoderaría de él  y se volvería lamentando no poder gozar de la fiesta a la que acudió confiado.

Recordemos que Jesús mismo nos explicó que su reino es semejante a un banquete de bodas (Mt 22,1). Todos hemos sido invitados a participar de esa gran fiesta, y el evangelio insiste en algo externo pero indispensable para presentarse , como es el vestido para la celebración. Hay que entrar con la prenda apropiada. Hay que elegir , la que lleva colgada  la etiqueta: "Vida de gracia", que además es totalmente gratuita . Una vez puesta, hay que  mantenerla limpia hasta la entrada  del convite.

Sí ,lo sé, es una explicación muy pueril , pero … ¿Por qué voy a complicarlo con razonamientos complejos?...

¿Está sucia tu ropa?... no te preocupes, se lava con confesión . La deja impecable. 

11 comentarios:

  1. Tan blanca como ningún batanero del mundo podría dejarla.
    Gracias, Señor por tu misericordia.

    ResponderEliminar
  2. Me encanta cómo lo has reflexionado. Hace años discutia este dogma de fe, tonta de mi, falta de formación evidentemente.
    Ahora lo tengo clarisimo. Si estamos llamados a ser santos, estamos llamados a vivir la Gracia. Si de verdad cuidamos esa vida con más o menos purificación llegaremos a la casa del Padre.
    Ahi quiero pasar la eternidad.

    Soy ciudadana del cielo y ese es el camino que quiero recorrer.

    Gracias una vez más por tocar mi conciencia y mi corazón.
    Un abrazo!

    ResponderEliminar
  3. Confiando en la misiricordia de nuestro Señor y pidiendo perdón
    por mis faltas, en el confeccionario
    y en la eucaristía.
    Trato de estar en su amor de Padre.
    Muy buena reflecion Angel, sacude el
    corazón y me hace pensar más como voy avanzando en mi vida hacía a
    Dios.
    Bendiciones.

    Martha V.

    ResponderEliminar
  4. Hola Angel!, Una explicacion "pueril" como tu dices es lo que muchos necesitamos para poder entender mejor las cosas. En esa misma linea me puedo explicar asi el Purgatorio. Es como los actores que han ganado un Oscar, o sea, ya se lo han ganado pero no pueden ir a recogerlo si no hasta que les avisen y ellos se preparan tambien arreglandose con lo mejor que pueden para presentarse, asi mas o menos lo entiendo. En Mexico cuando uno es estudiante y no ha alcanzado la nota suficiente para decir que aprobaste el examen, entonces se dice que "reprobaste el examen" y claro, uno va con los padres y les dice: "me reprobo el profesor" a lo que ellos sabiamente responden: "no, mas bien tu te reprobaste sola al no haber estudiado"...en fin, la responsabilidad es mayormente de uno y solo de uno pues somos libres para hacer el bien o dejarlo de hacer. Y por ultimo una frase de Emma Godoy: "somos mas hijos de nosotros que de nuestros padres", asi que tampoco nuestros papas tienen la culpa de lo malo que hay en nosotros y no hemos querido corregir. Un Saludo!!!

    ResponderEliminar
  5. Ah,pues lo has explicado de maravilla!! :)
    Nosotros solitos somos las consecuencias de nuestros actos.

    Un cariñoso saludo. :)

    ResponderEliminar
  6. Que la Misericordia y la Justicia de Dios se besan, Ángel, humildemente lo había entendido, pero ahora mas... Hace un tiempo no podía entender cómo ser felices en el Cielo, sabiendo cuantos se condenan eternamente. Hasta un día leí personas que se preguntaban si al llegar al Cielo no encontramos a algún familiar o amigo... Un día comprendí entonces lo que nos dice San Pablo "ni el ojo vio. ni el oído oyó lo que nos tiene reservado Dios en el Cielo" La alegría será completa, no habrá sitio para la tristeza. El hecho de contemplar la posibilidad de que un ser querido se condene y yo por pura gracia y misericordia no y esto no empañe absolutamente nada mi alegría en el Cielo, me da una pista de que no me lo puedo imaginar, comi nos dice san Pablo. Gracias 😊

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Felicidades Gabriela, en el día de tu santo.

      Eliminar
    2. Gracias de corazón y que seamos amigos de los ángeles y arcángeles de Dios.

      Eliminar
    3. Felicidades. Encomendada junto a los Rafa y Miguel que pasan por aquí.

      Eliminar
  7. Gracias, por compartir vida,Dios nos ama de modo profundo, total, sin distinciones; nos llama a la amistad con él; nos hace partícipes de una realidad por encima de toda imaginación y de todo pensamiento y palabra: su misma vida divina .

    ResponderEliminar
  8. Me has dejado muy pensativa y he llegado a la conclusión de que Dios en su misericordia jamás condenaría a nadie ¡ somos nosotros mismos los que nos condenamos! y si la confesión es la tabla de la salvación habrá que agarrarse a esa tabla salvadora. Saludos

    ResponderEliminar