Omisión silenciosa


Vivimos tiempos complejos, y basta realizar esta afirmación para preguntarme ¿Cuándo no han sido difíciles para aquellos que han decidido seguir a Jesús? Sabemos que cargar con la cruz significa que se nos condena por un mundo donde el amor es rechazado. No olvidemos nunca que ha sido una elección nuestra, aceptar la invitación de Jesús: “Si quieres seguirme toma tu cruz cada día”. A Nuestro Señor no le dejaron en paz ni un solo día, lo persiguieron hasta verlo clavado en el madero, por eso no debe extrañarnos que nuestra vida de cristiano pise en sus huellas. Un cristiano cómodo donde la fe a veces se convierte en un acto social más, debe plantearse a quién está siguiendo.

¿A quién no le han preguntado con sarcasmo e ironía , si va a misa? ¿Cuántos no hemos caído bajo los respetos humanos en un silencio vergonzante? Vivimos tiempos difíciles para los cristianos, la persecución sigue creciendo, las burlas están en cualquier ambiente que nos movamos y la sensación de soledad y desaliento se apodera de los que quieren cargar con su cruz. Pues una vez más, debo dirigir mis palabras hacia el pastor que nos guía. El papa Francisco nos está ayudando a desprendernos de todas esas capas muertas que en nuestra vida de fe hemos ido acumulando. Son tiempos de coherencia, testimonio y valentía, así que hoy mi post va por una de esas omisiones silenciosas.

¿Por qué voy a misa? ¿He sido capaz de entender el acto voluntario y libre de asistir? Si no es así, debo pedirlo, cada vez que entre en la Iglesia. Tengo que  dirigirme al Señor, para que logre entenderlo, desear y amar la Eucaristía.

Voy a misa porque he sido invitado, no es mía la iniciativa, Jesús ha cursado su invitación personal a cada uno. Es el fruto de un deseo ardiente de Dios. Voy, motivado por el afecto que el Señor me tiene. Voy, porque quiero agradecer. La vida del cristiano debe ser un continuo” gracias al Señor”. Es un acto de amor al Padre para agradecerle por el regalo de Jesús

Voy a misa para dejarme transformar, para que mi vida cambie, para que mi entrega a los demás sea total, para que pueda amar al prójimo como a mí mismo. Voy , para entrar en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Voy,  para continuar caminando en la vida, renovado por la comunión con el Señor.

Voy a misa para aprender de Jesús a cargar con el hambre y sed de los otros .Voy porque sé lo que vale una de ellas. Porque no me dejo llevar por el sentir, sino por su valor. Porque sé que es el acto que más gloria puede dar a Dios. Voy porque quiero, porque lo deseo, y porque lo necesito. Leí una vez esta historia:

Hace muchos años, en la ciudad de Luxemburgo, un capitán de la guardia forestal se entretenía en una animada conversación con un carnicero cuando una señora ya mayor entró a la carnicería. Ella le explicó al carnicero que necesitaba un pedazo de carne, pero que no tenía el dinero para pagarlo.

Mientras tanto, el capitán encontró la conversación entre los dos muy entretenida, "un pedazo de carne, pero cuánto me va a pagar por eso?" preguntó el carnicero. La señora le respondió, "perdóneme, no tengo nada de dinero, pero iré a Misa por usted y rezaré por sus intenciones". El carnicero y el capitán eran buenos hombres pero indiferentes a la religión y se empezaron a burlarse de la respuesta de la mujer.

"Está bien" dijo el carnicero, "entonces usted va a ir a Misa por mí, y cuando regrese le daré tanta carne como pese la Misa". La mujer se fue a Misa y regresó. Cuando el carnicero la vio viniendo cogió un pedazo de papel y anotó la frase "ella fue a Misa por ti", y lo puso en unos de los platos de la balanza, y en el otro plato colocó un pequeño hueso. Nada sucedió e inmediatamente cambió el hueso por un pedazo de carne. El pedazo de papel pesó más.

Los dos hombres comenzaron a avergonzarse de lo sucedido, pero continuaron. Colocaron un gran pedazo de carne en unos de los platos de la balanza, pero el papel siguió pesando más.

Entrando en desesperación, el carnicero revisó la balanza, pero todo estaba en perfecto estado. "¿Qué es lo que quiere buena mujer, es necesario que le de una pierna entera de cerdo?", preguntó. Mientras hablaba, colocó una pierna entera de carne de cerdo en la balanza pero el papel seguía pesando más. Luego un pedazo más grande fue puesto en el plato, pero el papel siguió pesando más.

Fue tal la impresión que se llevó el carnicero que se convirtió en ese mismo instante y le prometió a la mujer que todos los días le daría carne sin costo alguno. El capitán dejó la carnicería completamente transformado y se convirtió en un fiel asistente de Misas todos los días. Dos de sus hijos se convertirían más tarde en sacerdotes, uno de ellos jesuitas y el otro del Sagrado Corazón. El capitán los educó de acuerdo a su propia experiencia de fe. Luego advirtió a sus dos hijos que "deberán celebrar Misa todos los días correctamente y que nunca deberán dejar el sacrificio de la Misa por algo personal".

El Padre Stanislao, quien fue el que me contó todos los hechos, acabó diciéndome: "Yo soy el sacerdote del Sagrado Corazón, y el capitán era mi padre".

"Sí supiéramos el valor del Santo Sacrificio de la Misa, qué esfuerzo tan grande haríamos por asistir a ella". Sto. Cura de Ars

5 comentarios:

  1. Es el misterio más grande, que poseemos todos, es donde Dios se une a nuestro ser, y ya no somos nosotros sino s Cristo en nosotros,El silencio es necesario para la oración. Con el silencio es difícil faltar a la caridad, Feliz día de Cristo Rey.

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  2. No sé si se ha publicado el comentario anterior o se ha borrado. La anécdota es muy buena...
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    Sólo quería recomendarte "El libro de la misa" de José Pedro Manglano, como lectura espiritual. Ayuda a vivir mejor la misa.
    También un libro de un pagano pre-cristiano, escrito con buena voluntad, "sobre los deberes" de Marco Tulio Cicerón. Es un libro de ética que él escribió para su hijo. En este último libro hay que discernir, porque no todo está bien, pero en algunos detalles brilla la ley natural... Dios te bendiga: Javier

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  3. PD: San Ambrosio, inspirándose en el libro de Marco Tulio Cicerón, escribió un "sobre los deberes de los sacerdotes", pero no está traducido al castellano. Sólo está en latín. Yo quisiera leerlo. Por otra parte en el libro es filosofía estoica, y se basa en las cuatro virtudes cardinales: fortaleza, justicia, prudencia y templanza. Estas virtudes vienen de la filosofía griega, pero están recogidas en la biblia en Sabiduría 8, 7 y por tanto, también son parte de la Palabra de Dios...

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  4. PD: te dejo mi dirección del blog de filosofía, por si quieres echar un vistazo a mi última entrada titulada, el mito de Giges, de Platón, citado por Tulio: http://gloriaadiosxp.blogspot.com.es/

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  5. Es muy iluminadora la historia....tenemos tal Tesoro con la Santa Misa...que no sabemos valorarlo. Siempre vienes en mi ayuda...

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