El Perro del hortelano


Escuché  hace unos días a un personaje público pronunciar una castiza expresión española: “Ud. es como el perro del hortelano”. Los perros no suelen ser vegetarianos (es decir, que no comen mayoritariamente verduras) así que son un buen guardián de un huerto (ya que no se comerán los productos que en él se cultivan) y tampoco dejarán que otros animales que sí son vegetarianos se acerquen para comerse la producción del huerto. Por eso se dice que el perro del hortelano ni come (porque no se come las verduras de su amo) ni deja comer (porque no deja que otros se las coman tampoco).

El Perro del hortelano es una obra de Lope de Vega, donde utiliza este símil . Diana no puede amar a Teodoro y por eso, no lo deja amar o ser amado por cualquier otra persona. Esta expresión se ha ido aplicando a las personas para cuando ni hacen una cosa ni dejan que los demás la hagan tampoco.

No sé si corresponde a la realidad, pero yo percibo en este convulso mundo del siglo XXI, que hay “mucho perro del hortelano”. “Lo que yo no consigo, tampoco voy a dejar que tú lo alcances”. La competitividad a la que se está sometiendo de manera cada vez más agresiva esta sociedad , es fuente de alimento para la envidia, celos, mentiras, calumnias, todo vale.

Pensando en ello, recuerdo unos consejos de Miguel Ángel Cornejo. Escritor, conferenciante y fundador del colegio de líderes, que pronunció numerosas conferencias para triunfar en diversos ámbitos, sobre todo a nivel empresarial, pero aplicable a cualquier iniciativa que una persona quisiera poner en marcha. Don Miguel, expone una colección de venenos que poseen las personas que actúan como “el perro del hortelano” . Vale la pena conocerlos y descubrir si también nosotros poseemos alguno de ellos. Sí es así aconsejo destruirlos. Solo aportan daños y algunos son letalmente peligrosos.

Colección de Venenos : 

Chisme. Rumor expresado con certeza total y cuyo objetivo es desacreditar y hacer alianzas para destruir.

Pesimismo. Agoreros del desastre buscan aniquilar la esperanza, su actitud sumerge a las personas en la amargura, muchos la disfrazan con el bajo escudo de “ser realistas”.

Actitud negativa. Son neuróticos y están convencidos que tienen el derecho de maltratar a las personas que los rodean.

Crítica descontructiva. No critican para construir sino que buscan humillar y ridiculizar, creen que si producen dolor el otro cambiará.

Rencor. Almacenan cuentas por cobrar, llevan una contabilidad minuciosa de las ofensas y desprecios recibidos, se amargan su propia vida y la de los demás.

Odio. Viven esclavizados por un demonio que no les permite ser felices a menos que vean aniquilados a sus enemigos, es la antesala de los más crueles actos.

Venganza. Su mayor placer es el mal que les puede acontecer a sus enemigos, buscan implacablemente destruirlos, se han especializado en maquinar las más aberrantes formas de lograr sus propósitos.

Envidia. No toleran el éxito de los demás, en el fondo los admiran pero no pueden reconocerlo, desean fervientemente que éstos pierdan lo que poseen.

Soberbia. Ellos mismos son el objeto de su mayor culto y admiración, nadie los merece, por supuesto se creen superiores a todos los mortales, su especialidad es el desprecio y la humillación.

Ofensa. Son especialistas en herir a los demás, sus palabras y actitudes cada día las afinan más para castigar con mayor actitud y profundidad.

Existen personas que no solamente utilizan algunos de éstos venenos sino que se hacen todos los días un licuado con todos, son sus demonios que los acosan de día y de noche y no les permiten alcanzar la paz interior y la felicidad, el único exorcismo efectivo para acabar con ellos es la Aceptación y el Perdón.

Los Líderes de Excelencia los evitan a toda costa, saben que si acaso penetra alguno de ellos en su espíritu pueden quedar atrapados para siempre, saben además que si se filtran en su equipo de colaboradores los pueden destruir y acabar con el trabajo en equipo, están conscientes que toda su obra corre el riesgo de derrumbarse. Están alertas a la presencia de cualquiera de ellos, de inmediato se dan a la tarea de erradicarlos buscando siempre la armonía y estimulando los valores de la tolerancia y la comprensión. (Miguel A.Cornejo)

Por otro lado, contra los envenenadores: "Astutos como serpientes pero mansos como corderos" (Mateo 10:16), mi antídoto está elaborado con estas dosis : contra la destrucción creatividad, contra la tristeza sonrisas, contra el desánimo un "¡adelante, tú puedes!", contra la mentira la injuria y la intolerancia, verdad verdad y verdad con una pizca de lógica. El problema es que el envenenador se revuelve como escorpión acosado y ataca más fuerte. Por tanto, más antídoto, todo el que haga falta.

3 comentarios:

  1. Creo que era Quevedo quien decía que la envidia es amarilla porque muerde y no come.

    Mi opinión es que frente a esos envenenadores lo mejor es mantenerlos lejos o, si no es posible, ignorarlos hasta donde uno alcance.

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  2. Sí, lo mejor es mantenerse lejos, y si no es posible, intentar que no nos influyan. Abundan, es cierto.

    Feliz Pascua y un abrazo.
    Creo que he realizado bien la suscripción.

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  3. Creo que la mejor solución es la que tu ofreces.No hay envenenador que resista mucho tiempo el ser tratado con "amor" por su victima...
    Creo ademas que en el fondo estos comportamientos tienen su origen en carencias afectivas de uno u otro nivel y ante eso la paciencia y cierta dosis de "cariño" suelen ser efectivas...
    Un abrazo.

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