Triduo Pascual : Jueves Santo

JK Richards
Este poema contempla a Jesús en el lavatorio de los pies como un Dios que se arrodilla y se abaja hasta el suelo, inclinándose hasta los pies de su creatura. Un Dios arrodillado frente a su hechura, reconociendo la dignidad de la imagen y semejanza que dejó en ella.

Arrodillado frente a los hombres,
el Dios-Siervo, en la Última Cena,
se abajó hasta el extremo.

Desde esa altura
-desde los pies  humanos-
 todo se ve distinto.

Todo queda arriba,
todo queda alto.

Dios –en cambio- no está arriba y distante.
Dios está abajo y cercano.

Él toca nuestros pies con sus manos
y besa los pies de un  mundo cansado.
Los pies de los que recorren caminos humanos.
Aquellos senderos que han encontrado su destino
 y los que lo han errado.

Dios quita el polvo de viajes y cansancios.

Se muestra servicial, obediente y sumiso,
como un silencioso esclavo.

Se pone de rodillas
para rezarle al ser humano
 -hecho del barro original de la Creación-
que es polvo y que  polvo será.

El Dios del lavatorio de los pies
nos baña con sus lágrimas.
Su llanto es agua bendita que calma.

Nos limpia con el sudor de sus manos y frente.
Nos seca y nos cura con su milagroso manto.

Un Dios postrado frente a su hechura,
venerando la imagen y semejanza divina de su creatura.

Un Dios que nos lava de nuestras manchas,
y nos confiesa
-con el baño del agua-
sacándonos todas las máculas.

Un Dios postrado
que adora el misterio divino de todo lo humano.

Un Dios que reza.
Un Dios que le reza al ser humano.

Ojalá sus manos toquen nuestros pies,
y sus labios besen nuestro corazón.

Que  todos sintamos  su callado clamor:
 que el ser humano escuche
el ruego arrodillado de  Dios.
                                                                                              Eduardo Casas

2 comentarios:

  1. "Ojalá sus manos toquen nuestros pies,
    y sus labios besen nuestro corazón".

    Me quedo con esta frase del poema para rezarla y meditarla...

    Gracias Tobias. Feliz triduo!

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