Ira de hermanos, ira de diablos

Fotografía Vinko Zovko
“Basta con que un hombre odie a otro para que el odio vaya corriendo hasta la humanidad entera”, escribía  Jean Paul Sartre. Me violenta cada vez que oigo a alguien manifestar su odio hacia otro,  me resulta difícil entender que este sentimiento habite en un ser humano. La misma palabra ya me produce repugnancia, no me gusta, es un vocablo feo.

Existen trastornos, enfermedades, situaciones que nunca podremos entender a no ser que las hayamos experimentado en nosotros mismos. Por ejemplo: Conozco muy bien el significado de la palabra psicópata, pero por más que lo intente no puedo percibir lo que él vive. Sé los efectos que produce la droga, pero si no soy drogadicto nunca podré ponerme en la piel de uno de ellos. Entiendo perfectamente el suplicio que produce un parto, pero como hombre nunca podré medir su intensidad. Muchos son los ejemplos que podrían exponerse para hablar de lo que es malo o doloroso, por vivencia propia o por la contemplación de  los efectos que el dolor o lo malo producen.

Intuyo el odio, acompañado de una carga de destrucción capaz de producir resultados devastadores, tanto por el que lo profesa como a quien va dirigido, basta abrir la prensa para encontrar desgracias humanas como fruto de una siembra de rencor. La animadversión no llega de la noche a la mañana, va creciendo en el interior de la persona y se va gestando en ella. Es algo más que desear el mal a otro, es el mismo mal que se apodera de quien se alimenta de él, como un virus que necesita infectar la parte buena para llevar a cabo su ciclo reproductivo, necesitan vivir de otros porque si no no pueden sobrevivir.

El odio genera manía, celos, envidias, obsesión, sentimientos de exterminio, de dañar al máximo a quien se odia. No cabe duda es que es una emoción muy negativa, poderosa y altamente peligrosa.

Un estudio realizado en el Laboratorio de Neurobiología del University College de Londres, contrastado con otros sobre el odio, coinciden en afirmar que  es un sentir patológico y con consecuencias graves para aquel que lo siente y para aquellos a los que éste va dirigido.

Otra de las consecuencias de este espeluznante sentimiento es que cierra todas las puertas al perdón, al arrepentimiento, a la rectificación. Se entra en un círculo vicioso donde la única idea que deja penetrar es el daño y el sufrimiento de quien se odia.

Hoy  contemplo con preocupación la dosis letal de este mal que se está instalando en nuestra sociedad. Sufrimos horribles atentados que se cobran numerosas vidas humanas donde el odio es el causante. Volvemos a un nuevo acoso, persecución, ataque físico  y moral , masacres organizadas contra el cristianismo, enarbolando en sus actos la bandera del odio. 

Es fácil reconocer a quien lo ejerce, porque el odio no sabe esconderse, necesita exponerse, no es sutil, busca la provocación, desea la confrontación para poder asaltar a quien se convierte en su enemigo. Es el “león rugiente buscando a quien devorar” que menciona San Pedro (1 Pe.5,8). Basta ver a un “odiador” en pleno éxtasis para desenmascararlo: gritos, insultos, agresiones, la cara desencajada, descontrolado, fuera de sí…  
  
Como decía anteriormente, el odio no llega de la noche a la mañana, por eso hay que actuar contra él ante la más mínima invasión. Hay que inyectar antídoto (la lucha por amar, por intentar comprender), hasta que  nuestro corazón alcance el 0% de este mal bicho.

"Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga.” (Victor Hugo) 


8 comentarios:

  1. Odio, qué palabra tan "odiosa", tampoco me gusta. Arrastra una gran carga de negatividad, de resentimiento, de revanchismo, de ansias de venganza. Hace años que la tengo descartada de mi vocabulario.

    Solamente se me escapa, algunas veces, para referirme a unos animalitos callejeros que merodean mi casa y que me tienen "hipotecada" la zona exterior causándome bastantes perjuicios. Y a pesar de todo, procuro omitirla porque es una palabra mal sonante y fea.

    El odio no trae nada bueno, ni lleva a nada bueno... ¿De verdad que una persona normal puede llegar a sentir odio por alguien? Me parece tremendo, no lo concibo.

    Me quedo con el amor 100% y con los corazones grandes, generosos, que perdonan, aceptan y comprenden. Me quedo con esos rostros que transmiten alegría, paz, serenidad, sencillez, limpieza de corazón, sinceridad...

    Gracias Tobías. Un abrazo!

    ResponderEliminar
  2. Estimado amigo:Qué alegría leerte de nuevo! !!
    Pensé que no regresarias, gracias a Dios por estar de nuevo.
    De todo corazón. Gracias!!!
    Mi abrazo inmenso, como siempre.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bienvenida Toñi, Me alegra mucho de verte en esta nueva casa que sabes es siempre tuya. Ahora es Tobías quien la administra así que espero que también te trate como te mereces. Gracias a tí por tu fidelidad sea donde sea. Un abrazo

      Eliminar
    2. Gracias Tobías. Leerte de nuevo y recordar El Dios de Tobit.
      Mi abrazo

      El Dios de Tobit es más cercano y comprensible que el de otros libros del Antiguo Testamento: no parece indiferente como el de Job ni prácticamente ausente como el del Eclesiastés. El Dios de Tobit se preocupa por los problemas de cada uno de sus adoradores, y los resuelve planificadamente. Se interesa por el Hombre y sus problemas, utilizando a un instrumento fiel y efectivo (Rafael) para lograr sus fines.

      Sin embargo, la función de Dios no es suprimir el mal en la vida de los hombres: si tal hiciera, suprimiría también el libre albedrío, factor crítico del plan divino. Lo que Dios hace es intervenir para corregir las desviaciones introducidas por el Demonio, y siempre lo hace por caminos tortuosos y poco evidentes.

      Eliminar
  3. Sinceramente creo que el odio, como tantas otras formas de faltar al amor , encierra o nace u oculta, como se quiera expresar... una gran falta de seguridad en si mismo de la persona que odia, un menosprecio que empieza dentro de si, no se si me explico. Hay personas que aunque parezca mentira no han aprendido a amar, no han tenido la oportunidad... no saben realmente y muchas veces no son culpables de esto. Creo que a todos hay que mirarlos con ojos de misericordia...aunque duela .
    No se si he sabido explicar lo que realmente quiero decir.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Abril he entendido perfectamente lo que has querido transmitir. Yo quiero matizar que no necesariamente aquellos que no han aprendido a amar alberguen odio. Creo que éste se instala en la medida en que uno le deja. Es más pienso que el odio lo único que busca es desear el mal a otro. Estoy contigo en que hay que mirar a todos con ojos de misericordia y añadiría que hay que hacer lo posible para que descubran que odiar no lleva a ninguna parte, sólo a la destrucción personal en primer lugar y a la aniquilación de quien se odia. Muchísimas gracias por tu interesante planteamiento. Un fuerte abrazo

      Eliminar
  4. ¿Qué hacer? orar, orar y orar. ¿Señor Jesús, ten piedad y misericordia de nosotros!.
    Un abrazo Tobías.

    ResponderEliminar
  5. Genial Ramón. ¡Cuánto has dicho en pocas palabras! Un abrazo

    ResponderEliminar