Para alabar o maldecir


Antes de ser fabulista, el griego Esopo, conocido por su sabiduría, fue esclavo de Janto  y posteriormente de Yadmon. Tras ser liberado estuvo al servicio del rey Creso de Lidia. Un día, para probarlo, Janto le dio un saco de monedas y le ordenó ir al mercado a comprar los ingredientes para preparar la mejor comida del mundo.

Esopo fue y volvió con su amo, y colocó sobre la mesa un plato cubierto por un fino paño de lino. El mercader se levantó y se sorprendió de ver una lengua.

El esclavo explico: “no hay nada mejor que la lengua, señor, que nos une a todos cuando hablamos, que es el órgano de la verdad y la razón, y también el medio con el que se construyen ciudades. Con ella podemos expresar nuestro años, pues es el instrumento del cariño, la ternura y la comprensión, y es la que torna eternos los versos de los poetas y las ideas de los grandes escritores. Con ella se enseña, persuade, instruye, reza, explica, canta, describe, elogia, demuestra y afirma. Al usarla podemos decir “madre”, “Dios”, “si” o “te amo”. ¿Puede haber algo mejor que la lengua, señor?".

El mercader se levantó entusiasmado y felicitó a Esopo por haber traído la mejor comida. Acto seguido, tomó otro saco de monedas y le pidió que regresara al mercado para que le trajera el peor alimento.

Después de un tiempo, el esclavo volvió con un plato cubierto por un paño, al destaparlo, el mercader descubrió con enojo que de nueva cuenta había una lengua.

Esopo bajo la mirada y respondió: “la lengua, señor, es lo peor que hay en el mundo, pues es la fuente de las intrigas, la que divide a los pueblos. Con ella decimos “muere”, “demonio”, “no” y “te odio”. Es el órgano de la mentira, la discordia, los malos entendidos y las guerras. Con ella se miente, insulta, vende, seduce y corrompe. Es por esto, mi señor, que la lengua es la mejor y la peor de todas las cosas”.

Una anécdota que nos sirve para preguntarnos el uso que nosotros le damos a nuestra lengua. "Callando es como se prende a oír; oyendo es como se aprende a hablar; y luego, hablando se aprende a callar". (Diógenes de Sínope)

2 comentarios:

  1. A menudo la verdadera alabanza es la recompensa del humilde, mientras que la engañosa es la remuneración del portentoso. Gracias, un abrazo.

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  2. Toda la razón, de nuestros labios puede salir lo mejor y lo peor de cada uno.
    Difícil, a veces, controlar nuestra lengua y mantener el temple para que no se te escape algo inapropiado..... Lo sé! es difícil, más no imposible. Sólo es cuestión de proponertelo una y otra vez y ser consciente del cambio que necesitas experimentar.

    Gracias! Da que pensar mucho este post!
    Un abrazo!

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