Conciencia dormida


Si algo visible se carga con los años, es la experiencia, que recibe buenas dosis de cosas buenas y valiosas y otras de las que nos gustaría despojarnos; en todo caso ella marca muchas rutas de nuestro presente.

He visto gente convertirse a la fe, otros que la han perdido y otros que se quedan en “tierra de nadie”, aquellos que se han situado bajo la bandera de la conciencia. He oído en varias ocasiones afirmaciones como la que un día compartió conmigo alguien muy cercano y querido: “Lo importante es seguir tu conciencia, y esa es la que cuenta para Dios”.

Me quedé sorprendido no tanto por la afirmación en sí, sino por la proximidad de quien las pronunciaba. Alguien que años atrás razonaba totalmente distinto, alguien que el tiempo y las experiencias vividas han ido transformando la verdad conocida.  Tras una larga conversación, no movió ni un solo ápice de su argumento, insistiendo en que la conciencia era quien regía su vida de fe: “Lo que tengo claro es que yo sé que lo que cuenta para Dios es nuestra conciencia, que nuestras acciones estén llenas de buena voluntad. Para mí Jesús sigue siendo muy importante en mi vida, pero lo sigo a mi manera”. En fin…, seguro que muchos habréis escuchado razonamientos por el estilo. Lo que me dejó pensativo fue la seguridad, la convicción de su nueva visión de las cosas. No puede haber dos verdades, la verdad solo es una y Jesús dijo que él es la Verdad.

Creo que existe un buen cacao mental con el tema de la conciencia, del sentido del bien y del mal, de seguir a Jesús según lo que yo veo y pienso; muchos han puesto el evangelio como un supermercado: entro y cojo lo que me interesa. La conciencia. ¡Cuántos  desatinos en su nombre! ¡Cuántas sendas que acaban en el precipicio! 

En nombre de la conciencia se mata a niños inocentes, aún no nacidos, queriéndoles preservar de la enfermedad o de las malformaciones que ya arrastran desde el seno materno. En nombre de la conciencia se quiere acortar la vida de aquellos pacientes ya desahuciados… En nombre de la conciencia se decide por otros, sin tenerlos en cuenta… Sin duda la conciencia se deja engañar y manipular muchas veces…

En realidad, lo que se hace poniendo a la conciencia como excusa es atajar, o al menos creer que se ataja, por la senda más corta, eliminar del camino las dificultades y contrariedades, escoger solo lo fácil, lo que se adapta al ritmo o estilo de vida de cada cual… ¿A dónde se llega?... El amor de Dios nos conduce hacia la luz de su amor. Un amor que nos devuelve una imagen de nosotros mismos que a menudo no nos gusta reconocer, porque deja patentes nuestros defectos y vicios arraigados. No para humillarnos, sino para darnos la Gracia, el poder de superarnos a nosotros mismos apoyados en él.

Cada uno, no tiene su verdad. El Catecismo recoge palabras de la Gaudium et Spes en las que afirma que el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón y que la conciencia es el núcleo más secreto, el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella.

Por tanto, la conciencia es fundamental en nuestra vida interior. Para el hombre que ha cometido el mal, -dice el catecismo- el veredicto de su conciencia constituye una garantía de conversión y de esperanza. 

Ahora bien, la conciencia debe estar bien formada, asentada en la fe y la oración. Para ello, estamos asistidos por los dones del Espíritu Santo, ayudados por el testimonio o los consejos de otros y guiados por la enseñanza autorizada de la Iglesia.

La conciencia moral puede estar afectada por la ignorancia y puede formar juicios erróneos sobre actos proyectados o ya cometidos, porque sucede que a veces “el hombre no se preocupa de buscar la verdad y el bien y, poco a poco, por el hábito del pecado, la conciencia se queda casi ciega”
(Catecismo , nº 1776 y siguientes)

Algunos han encontrado su traje a medida. Tienen el convencimiento de estar viviendo su fe, acorde con el mensaje evangélico, porque lo han instalado a conveniencia en su conciencia. Dicen que la tienen tranquila y son felices, con ella… ¡Ancha es Castilla! Pero… ¿Basta la conciencia?  

6 comentarios:

  1. "Se trata de escuchar más en su conciencia a Dios y sus mandamientos (Rm 2,15), y se hagan acompañar espiritualmente, así tanto más su decisión será íntimamente libre" (Amoris Laetitia)

    Yo lo tengo clasirísimo, actuar en conciencia, por supuesto, pero una conciencia bien formada no la que yo me quiero fabricar según mis apetencias o comodidades.

    Me quedó con este párrafo de tu reflexión...."Ahora bien, la conciencia debe estar bien formada, asentada en la fe y la oración. Para ello, estamos asistidos por los dones del Espíritu Santo, ayudados por el testimonio o los consejos de otros y guiados por la enseñanza autorizada de la Iglesia".

    Muchas gracias Angel, me alegro mucho que hayas retomado tu actividad en el blog.
    Un abrazo!

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  2. creo que se trata en gran medida, de amarles con el mismo Amor Divino que late en el Corazón de Cristo, que vive en mí, en tí, en todo aquel que le ama y procura escucharle, conocerle, amarle y servirle de corazón, dentro del seno de la Iglesia y aún fuera de ella, materialmente, aunque dentro en espíritu. Conozco unos cuantos de estos y en generosidad y demás virtudes van muy por delante de muchos que nos llamamos católicos practicantes. Nuestro deber más urgente es amar con Cristo, como Cristo a todo aquel que se cruce en nuestros caminos. Para ello debemos morir, lo sabemos. Un saludo fraterno.

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  3. Más fruto se saca de examinar cada uno su conciencia, que de querer remediar la ajena. Gracias, un abrazo fraterno.

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  4. La conciencia está regida por la Sabiduría, y la Sabiduría es don del Espíritu Santo. Que no confundan inteligencia, razonamientos simplemente humanos con la Sabiduría que Dios da en la intimidad de la oración y los Sacramentos.
    Un gran abrazo, Angelo.

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  5. La conciencia hay que formarla primero muy bien en lo que respecta a Dios, la fe y la moral porque una conciencia sin formar puede hacer mucho daño.Saludos cordiales

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  6. Muy buena la reflexión, sintetizando me quedo con lo que dice Charo.
    Un abrazo. Feliz día de Cristo Rey.

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