Mal que les pese



Aquí en España, el populismo creciente que se ha instalado en la política con argumentos que acaban provocando vergüenza ajena, parece tener como uno de los objetivos prioritarios, acabar con las tradiciones que llevan el sello de todo lo relacionado con el cristianismo. Están convencidos de que pueden acabar con la Iglesia poniendo en práctica rancias ideas y propuestas.

Otros como ellos, han visto transcurrir los días intentándolo sin conseguirlo. Algunos ante la llamada de la muerte a sus puertas, han sabido reconocer el error de su aventura.  Yo sigo viendo en pleno siglo XXI, a los cristianos coherentes con su fe , más firmes que nunca. La luz sigue encendida.
Habría que recordarles la anécdota que el emperador Napoleón tuvo con el cardenal Consalvi, hace ya unos cuantos años.

Napoleón engullía con sus ejércitos a los países de Europa con la intención final de dominar totalmente el mundo. En aquel entonces dijo una vez al Cardenal Consalvi:

"Voy a destruir su Iglesia" El Cardenal le contestó: "No, no podrá"
Napoleón, con sus 150 cm. de altura, dijo otra vez: "¡Voy a destruir su Iglesia!"
El Cardenal dijo confiado: "No, no podrá. !Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo!"
Si los malos Papas, los sacerdotes infieles y miles de pecadores en la Iglesia no han tenido éxito en destruirla desde su interior -le estaba diciendo implícitamente al general- ¿cómo cree que Ud. va a poder hacerlo?

Hace tiempo, leí un libro de Joaquín Garcia Huidrobo titulado “ Una locura bastante razonable” en uno de sus capítulos hace una exposición que me gustó y que le vendría muy bien, a todos estos que no saben encontrar el origen de lo mucho que hoy se beneficia toda la sociedad. Empezando por sus universidades que han convertido en su bastión ideológico.  Os dejo con el planteamiento de  García Huidrobo.

Hagamos un instante un experimento mental. Saquemos el cristianismo de la historia. Saquémoslo de la música, eliminando a Bach, a Händel, al canto gregoriano, a Monteverdi, los corales rusos, las sinfonías de Brückner y Arvo Paärt.

Pasemos ahora a la arquitectura: demolamos Notre Dame y luego todas las catedrales góticas; que no quede nada de las iglesias románicas, que se esfume San Pedro en Roma, la iglesia de los Benedictinos en Santiago y la Sagrada Familia de Gaudí; que no quede huella alguna de la Catedral de Rouen ni tampoco de las telas de Monet que la presentan con la luz de las diversas horas del día.

Pasemos ahora a la literatura, y quememos todo lo que haya en ella de cristiano, desde el Dante a Solzhenitsyn. Reduzcamos a cenizas bibliotecas enteras. Ni Hamlet ni el Quijote, ni Graham Greene ni Bernanos. Y otro tanto con el derecho: desaparezca el derecho canónico, que formó el derecho de familia en Occidente, y también las Siete Partidas y la misma Declaración de Virginia, con su idea de unos derechos innatos, que son dados por el Creador mismo y de los que nadie puede intentar despojar a los pueblos sin transformarse en tirano; saquemos de leyes y constituciones la idea de la igualdad y dignidad de los hombres y quedémonos con el mundo griego y romano, donde ser libre, se digno y ser hombre son cosas muy distintas.

Pasemos ahora a la pintura: ni el Juicio Final de Miguel Ángel ni el de Tintoretto;ni la última Cena de Leonardo ni la de Dalí. Nada debe quedar de Giotto, Fra Angelico, Van Eyck, el Greco y Roualt.

Que le toque el turno a la filosofía, a Agustín, Boecio, Alberto Magno, Tomás y Buenaventura; Nicolás de Cusa, Escoto, Descartes y Malebranche; Pascal, Vico, Rosmini y Anscombre. Quizá no haga falta borrar del mapa todos esos libros: basta con eliminar el papel de la Iglesia en el campo educativo. Ninguna otra institución en toda la historia de la humanidad ha llegado a la décima parte de la Iglesia en su labor de enseñar a leer y escribir.

Nadie ha fundado tantas escuelas, hospitales y Universidades; y nadie sino ella se preocupó de salvar la cultura antigua en la Europa que sucedió a la caída del Imperio Romano.

Prescindamos por un momento de las Bienaventuranzas, del amor a los enemigos y la preocupación por los más débiles y necesitados. Dejemos de lado las palabras de San Pablo acerca de la igual dignidad de varón y mujer, y también la enseñanza de San Juan acerca de un Dios que es amor. A ver si queda otra cosa que un mundo frío y tenebroso.

Que hay motivos para pedir perdón, no lo niego. Pero hasta la noción misma de perdón tiene mucho de cristiana. Perdón sí, pero también reconocimiento y gratitud. En nombre de mis antepasados paganos; de vascos, picunches, bretones, mapuches, visigodos, aztecas y bereberes, me permito agradecer al cristianismo de todo corazón. 

No puedo estar más de acuerdo con Garcia Huidrobo.  Le quitamos el alma, el hueso, el esqueleto y la historia  del cristianismo y la humanidad se queda en nada. Así es mal que les pese.


8 comentarios:

  1. Que la Iglesia es Obra de Dios y Cristo la cabeza como bien reflexionó San Pablo en su explicación del Cuerpo Mistico, no hay ninguda duda.

    No existe una obra humana que haya permanecido viva, fuerte, eficaz, en movimiento, sembrando y dando frutos más de 20 siglos como la Iglesia a pesar de los pesares.... y mal que les pese.

    Mil gracias!!! Un abrazo

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  2. Me ha encantado. Compartido en mi muro. La sociedad le debe a la Iglesia. Siempre Lo he dicho.

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  3. A pesar de politicas,guerras,conflictos,genocidios,catastrofes....Dios ha estado,está y estará,mal que les pese.

    Un cariñoso saludo.

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  4. Independientemente de las creencias que se tengan, ¿quién puede negar todo esto?
    La Iglesia de Cristo seguirá viva. Así es, mal que les pese.

    Un abrazo, Ángel. Gracias.

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  5. Gracias, por su reflexión, un gran abrazo fraterno.

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  6. Una gran entrada donde se da de manifiesto la grandeza del cristianismo a lo largo de su historia.Saludos cordiales

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  7. Gracias, un gran abrazo fraterno.

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