¿Qué te he hecho?


"Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?" (Jn 18, 23)

Me viene a la mente este episodio de la pasión de Cristo ,tras una mañana en la que experimento un sentimiento de tristeza ante una muestra más de intolerancia, obcecación, extremismo, dureza..., mejor describirlo en su término más apropiado: ¡Odio! Sí,un día más la aversión hacia alguien se manifiesta en Internet; un sacerdote conocido, ha sido el blanco para dirigir de forma inmisericorde, toda clase de injurias, improperios, calumnias, humillaciones, creciéndose todos, a medida que cada comentario quiere superar al otro en su ataque, como si de un campeonato se tratase, a ver quién insulta más, quien tiene la chispa más original para despreciar, atacar, herir y aniquilar.

¿Y qué ha hecho este sacerdote para suscitar tal odio hacia él? Simplemente ser sacerdote (además de los buenos) y ejercer de forma admirable como tal, evangelizando en las redes sociales. Algunos ni siquiera se han molestado en escuchar el mensaje que transmite, manipulando de forma retorcida y vil cualquier palabra que les de motivos para su embestida.Me ha dolido por partida doble, al tratarse de un colega bloguero, conocido por muchos de vosotros. Desde aquí le doy todo mi apoyo y le manifiesto mi admiración y gratitud por el ejemplo dado.

¿Por qué, tanto desprecio instalado en los corazones de muchos? No logro entenderlo, soy incapaz de ponerme en el lugar de alguien que proclama su inquina hacia otro y tiene la necesidad de publicarlo de forma agresiva, amenazadora, violenta. En estas últimas semanas raro ha sido el día, que no he encontrado una noticia adornada por el odio. Parece formar parte de las actividades diarias de algunos; el enconamiento ha encontrado  de forma fácil, el lugar donde instalarse en este mundo, y de forma especial contra todo lo que lleve la etiqueta de católico. Un día si y otro también se busca, se rebusca, se inventa lo que sea necesario para justificar un ataque público a todo aquello que tenga que ver con el catolicismo. La humillación, la ridiculización, el insulto, la calumnia, las amenazas, alimentan cada vez más al insaciable odio que crece y crece a medida que se le va cebando.

¿Por qué? Me pregunto una vez más. Me resulta difícil encontrar respuestas que puedan justificarlo, sin separarlo de las raíces del mal que asola este mundo. ¿Sabéis cuál ha sido la respuesta del sacerdote a los que le han insultado? Al igual que Jesús ante Herodes, el silencio es lo que ha ofrecido a sus atacantes. Habló donde tenía que hacerlo, se dirigió a los que entienden el lenguaje del amor, a los que tienen sus puertas abiertas a conocer la Verdad. Me han impresionado sus palabras que dejó plasmadas en su página de Facebook:

“Hoy me han linchado con montones de insultos en esta web y en mi canal de YouTube sólo por ser sacerdote:
http://finofilipino.org/post/158387645602/cura-youtuber… (advierto que puede herir la sensibilidad).
Y al ver su odio y crueldad hacia mí, que no me conocen, no dejo de preguntarme cómo los cristianos hemos llegado a transmitir una imagen tan deformada de Dios y su Iglesia, que haya alimentado tanto odio.
Os agradezco también a los que os habéis puesto en contacto conmigo para ver cómo estaba. Sé que este es un precio que he de pagar por evangelizar en la Red. Sobre los sacerdotes cae fulminante el rayo del prejuicio, y todo el daño que se les haga parece justificado y bendecido. Yo me alegro de poder llevar un poco del peso de la cruz de Jesús, rezo por los violentos, sé que mucho de su odio es causa de nuestros pecados. Os pido que recéis por mí y por los sacerdotes que estamos presentes en la Red, para que podamos tener siempre los ojos puestos en la fuente y la meta: Jesús”.

Quiero quedarme con esta frase suya: “Sé que este es un precio que he de pagar por evangelizar en la Red”. Queridos lectores, ¿Y qué es evangelizar si no dar testimonio de nuestra fe? Repito: ¡Dar testimonio de nuestra fe! No hay que razonar mucho. Testimonio con nuestra manera de obrar en la rutina de cada día, en nuestra forma de relacionarnos con los demás, en nuestro comportamiento, en el ocio y en el trabajo, en cada acontecimiento que nos toque vivir. Las redes sociales nos ofrecen una oportunidad, lo he dicho muchas veces en este blog. Muchos no quieren entrar en ellas porque consideran una pérdida de tiempo, un lugar para chismorrear, presumir, vanagloriarse, y en muchos casos, lamentablemente es así, pero también es un campo extensísimo para sembrar, para evangelizar, y  los cristianos no podemos perder ni una sola oportunidad para ofrecer y mostrar el testimonio de tantos que se esfuerzan para que el bien prevalezca. El testimonio de tantos que siguen a Jesús hasta las últimas consecuencias, que no temen "mejor dicho", para los que aun temiendo el insulto, el ataque, la persecución, no pierden de vista dónde está puesta su mirada: ¡Jesús! No tengo la menor duda de que los Apóstoles estarían usando todas las redes existentes, con tal de llegar al mayor número de personas y proclamar el evangelio.

El odio se ha instalado en esta sociedad, y estamos dejando que se asiente también en algunos que consideran la defensa de la fe como un campo de batalla personal que hay que conquistar.  Nos atacan desde hace siglos, ¡desde el inicio del cristianismo! Tenemos que aprender y convencernos de que el bien siempre triunfa por mucho que lo pisoteen. Solo testimoniando el bien que Jesús nos enseñó a poner en práctica, ese en el que creemos, podemos vencer y convencer.  Existen caminos para reivindicarlo de forma pública desde la mansedumbre, la paz y la serenidad. No son incompatibles para luchar contra corriente con coraje y esperanza, sin temor a alzar la voz para denunciar a los manipuladores. Algunos achacan debilidad y miedo ante la respuesta pacífica ofrecida, pero yo creo todo lo contrario. La historia nos ha dado numerosos ejemplos de lo que fructifica la apacibilidad. Si dudamos de las palabras y del mensaje que Jesús nos dejó, si lo dejamos de lado y elegimos usar nuestros razonamientos, es entonces cuando nuestra empresa se viene abajo. “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” esa es su invitación.  La respuesta de algunos usando la misma moneda que los atacantes, solo consigue avivar el odio en la contraofensiva, para la que nunca tienen fin. 

Las redes sociales se han convertido en un referente donde se puede visualizar el bien y el mal, el amor y el odio. Percibo y me llena de tristeza, que son muchos más los que se apuntan y están activos en el bando del rencor. La Iglesia se engrandece cada vez que uno de nosotros obra el bien y se daña cada vez que uno solo, elige el mal. Aportemos nuestro granito de arena testimoniando nuestra fe. Nuestra presencia en la red es importante, mostrando la alegría del evangelio, proporcionando la difusión de la información religiosa, facilitando la cooperación con los demás creyentes, orando unos por otros, compartiendo y apoyando todo lo bueno que podemos sacar de esa fe que nos ha sido regalada. Es muy triste comprobar que algunos cristianos lo único que publican en sus muros de la red social, son respuestas del mismo calibre  o provocaciones que usan los sembradores de odio.

Escribía José Luis Martín Descalzo: "Cristianos ¿Qué habéis hecho de vuestro gozo?. Porque Jesús nos dejó su paz y su gozo como la mejor de las herencias: «Os doy mi gozo. Quiero que tengáis en vosotros mi propio gozo y que vuestro gozo sea completo» ¿Y qué hemos hecho nosotros de ese gozo del que Jesús nos hizo depositarios? Es curioso: la mayor parte de los cristianos ni siquiera se ha enterado de él. Tendríamos que recordar que los cristianos somos ante todo eso: testigos de la resurrección, mensajeros del gozo".

 

4 comentarios:

  1. gracias, por su reflexión.

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  2. Oremos por ellos. Estémonos a su lado. Y si se presenta la ocasión de dar testimonio ante los violentos, hagámoslo al estilo del Señor, con mansedumbre, humildad y fortaleza. Gracias por tu reflexión. Muy conveniente. Un saludo fraterno.

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  3. Estoy de acuerdo contigo que en las redes sociales los cristianos debemos dar testimonio de fe con nuestros escritos y nunca promover el rencor con comentarios ofensivos para nadie.Saludos

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  4. Me apena muchísimo la falta de respeto, el desprecio y el comentario gratuito que vienen, casi siempre, de personas que hablan desde la ignorancia o que lo que les mueve es el odio visceral hacia todo lo religioso. También me produce gran desazón la tremenda intolerancia que manifiestan cuando escuchan o leen otra manera de sentir, de vivir, de pensar, de opinar... Entonces caen implacables sobre el contrario utilizando toda clase de etiquetas y calificativos, no muy agradables precisamente.

    Esta es la realidad que vivimos hoy y no sólo en las redes sociales sino en todos los medios de comunicación, televisión, prensa, radio etc. Qué difícil mantener la calma y sobre todo practicar la caridad en ciertos momentos y ante ciertos comentarios, pero no podemos caer en la misma trampa.

    Jesucristo nos pide paciencia, oración y amor a nuestros enemigos, que mejores armas para combatirlos.

    Gracias por esta reflexión tan necesaria y tan actual.
    Un abrazo!

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