Testimonio coherente


En los principios de este blog, donde me inicié gracias a la ayuda de tantos de vosotros y de forma especial de un maestro único que me enseñó el camino de las virtudes que la red puede ofrecer, (hablo de mi queridísimo amigo Arcendo, que en paz descanse) compartimos en una ocasión un artículo interesante, sobre las nuevas tecnologías aplicadas en la red internauta de manera especial.

Corregir errores


El llanto del alma es un dolor indescriptible, sin fin, que se vuelve más fuerte y más sincero si no se lo escucha, como el llanto de un niño. No solo mi alma llora. Toda la humanidad llora con lágrimas en los corazones, sin palabras, y no encuentra consuelo sino solo ruido, evasión, desesperación. El sufrimiento se manifiesta en el cuerpo y en la mente, pero es el alma la que llora y pide respuestas a sus necesidades. Pero … ¿Quién escucha hoy el llanto del alma? ¿Quién entiende sus necesidades? quien la consuela? ¿Quién lo ayuda a lograr su misión irremplazable?

PERDONADO DE VERDAD


Cuentan que estando san Jerónimo en el desierto de Siria y hallándose en una gran depresión vio a Jesús crucificado. Jerónimo se arrodilló delante de Él y se golpeó el pecho. Jesús desde la cruz le sonrió amablemente y le dijo:"Jerónimo ¿Qué tienes para darme?" Jerónimo respondió enseguida: "mi soledad en el desierto, la dureza de esta vida tan apartada, mi existencia llena de sacrificios". El Señor le agradeció con cariño y le preguntó otra vez: "¿Qué más tienes para darme?". Sin dudarlo, Jerónimo hizo un recuento de todo lo que él hacía buscando ser recto y santo. "Mi ayuno, mi hambre, mi sed, mis largas jornadas de oración, las noches en vela rezando, la pobreza absoluta". Jesús volvió a agradecerle, pero repitió la pregunta."¿Qué tienes para darme?". Jerónimo continuó enumerando todo lo que él hacía por amor al Señor, mientras Jesús insistía en repetir una y otra vez la misma pregunta. Al final, a Jerónimo se le acabaron los argumentos y dijo rendido: "No, Señor, no tengo nada más para darte". Jesús lo miró colmado de amor y le dijo:"Has olvidado lo más importante, Jerónimo. Regálame tus pecados para que yo te los pueda perdonar".

Sin presencia, ni pasión


Hace unos meses visualicé una película que, cinematográficamente hablando, me pareció aburrida, anodina y de las que yo clasifico como malas, pero lo cierto es que la sinopsis de la misma si que llamó mi atención. El film lleva como título: “ Ingrid  Goes West”. La joven Ingrid se obsesiona con una 'influencer', una estrella de los medios sociales llamada Taylor Sloane que aparentemente tiene una vida perfecta. Así que cuando Ingrid decide abandonarlo todo y mudarse al oeste para tratar de ser amiga de Taylor, su comportamiento se vuelve cada vez más inestable, inquietante y peligroso.

Cerca, muy cerca


Una vez más mis hijas me dieron un toque en el que llevaban toda la razón. Fue hace un par de semanas cuando juntos acudimos a una hora de adoración ante el Santísimo. Les indiqué sentarnos unos bancos atrás de la primera fila y ellas protestaron, diciéndome: “papá, vamos al primero, así estaremos más cerca de Jesús”. ¡Olé, si Señor! 

Yo quisiera ser así


Os hablé hace pocas semanas de mi experiencia en los retiros de Emaús, manifesté mi conciencia del cambio interior que en mí se produjo, y sigo sorprendiéndome de la nueva comunidad fraternal con la que me he topado y los diversos dones que voy percibiendo en cada uno de los que me van acompañando en este encuentro más cercano con Dios. Esta nueva etapa, me sirve de reflexión para el post de hoy. Existe un deseo que estoy convencido que la gran mayoría de nosotros ha codiciado alguna vez a nivel espiritual, ante la evidencia de algo grande que vemos en los demás. Por poner un ejemplo: Viendo el entusiasmo, la alegría, el gozo de gritar piropos a la Virgen, o de expresar con fuerza contagiosa la convicción y jovialidad de proclamar que seguimos a un Cristo vivo, o ante actos de humildad y sencillez, o la simpatía y buen humor que se derrama hacia los demás, o… Que larga puede ser la lista de tantas cosas buenas y extraordinarias con las que podemos encontrarnos vividas por el prójimo.

¡No temas hermano!


No sé si alguno de vosotros ha asistido a lo que denominan “funeral laico” yo lo hice años atrás y la verdad es que me pareció algo sombrío, allí no encontré esperanza, no había consuelo, todo muy lacónico y sentimental resumido en una hermosa melodía violinística y acabando en la récita de un poema más o menos etéreo del que no recuerdo ni una sola frase, como panegírico hacia el difunto.

El núcleo más secreto


Si analizáramos la cantidad de cosas que se pueden hacer al día por cada uno de nosotros , nos sorprenderíamos del listado que surgiría de ellas. Si añadimos las imaginaciones de cada uno, durante las 24 horas, o las conversaciones y diálogos que tenemos con otros, nos daríamos cuenta de que la vida está atiborrada de cosas muy buenas y valiosas, y otras de las que nos gustaría despojarnos; en todo caso ella marca muchas rutas de nuestro presente.

48 horas en Emaús


Veni, vidi, vici  (Vine, vi, vencí) es la frase que utilizó Julio César en el año 47 a. de C. tras obtener una importante victoria militar para Roma. Hoy le robo las palabras a Julio, para añadirle una más: “ Vine, vi, vencí y creí”. Lo prometido es deuda, así que estoy ante el teclado pidiendo luz al Espíritu Santo para que me ayude a compartir lo que os prometí: Mi experiencia en el retiro de Emaús.

Olvidar, Perdonar, Abrazar


Cuando se publique hoy este post, habré vuelto del retiro de Emaús por el que pedí oraciones la semana pasada, no puedo compartir esta experiencia hasta que sea capaz de plasmar por escrito lo vivido, pero lo prometido es deuda y os hablaré de ello en su momento si Dios quiere.

Hoy me vino a la cabeza detenerme en lo bien que suenan ciertas palabras -fonéticamente hablando-  (Hay que ver en que cosas a veces se distrae uno; con razón Santa Teresa, llama a la imaginación "la loca de la casa"). Encuentro algunas  que me deleitan el oído cuando las escucho. Repasando en mi mente las que más me gustan ,me topé con una que hizo que me detuviera. Una vez más, Dios se sirvió de una frivolidad para adentrarme en una reflexión que me conmovió. Hablo de la palabra “Misericordia”.

Empezar y acabar la carrera


¿Te has preguntado alguna vez que tipo de cristiano eres? Parecería que en algún momento esa pregunta ha caído cuando hemos analizado un poco nuestro actuar en relación a nuestra coherencia con la fe que decimos profesar.  ¿Dios es el centro de nuestra vida, sabemos hacer las cosas con Él, sabemos verlo en todo y en todos? Creo que son interrogantes que cualquier cristiano debería tener presente cada vez que acaba su jornada y se dispone a reponer fuerzas en su merecido descanso, reconociendo si Dios ha ocupado el primer lugar en el corazón.

¿Estamos perdidos?


Muchos siguen este blog a través del móvil, limitándose a leer el post que publico cuando les llega el aviso de entrada nueva. Suelen perderse “los añadidos” que voy poniendo en mi sidebar, recomendando algunas cosillas.

Siervos Inútiles de los que se fía



Algunos de los que lleváis años siguiéndome en el blog, habéis podido comprobar las subidas y bajadas que ha experimentado. Es un reflejo fiel de nuestra vida, cuando caemos en su tediosa rutina y experimenta que nada tiene que aportar.

Una vez más, el tiempo


Todos los hombres se quejan de que no tienen tiempo para nada. Miran su vida con ojos tremendamente humanos. Jamás podrá faltarnos tiempo para hacer lo que Dios nos encargue. Pero a condición de estar bien «presente» en todos y cada uno de los instantes que Él nos brinde.

Toma de aquí cuanto necesites para tu camino



Un día cualquiera, una mañana rutinaria y en el momento que menos te esperas, te asalta un pensamiento que empieza a recomerte y del que no logras liberarte. No te queda más remedio que atenderle y buscar que se esfume al prestarle la atención que te reclama. Eso me sucedió hace meses atrás, con un asunto no solucionado que ha perdurado en el tiempo.