Cerca, muy cerca


Una vez más mis hijas me dieron un toque en el que llevaban toda la razón. Fue hace un par de semanas cuando juntos acudimos a una hora de adoración ante el Santísimo. Les indiqué sentarnos unos bancos atrás de la primera fila y ellas protestaron, diciéndome: “papá, vamos al primero, así estaremos más cerca de Jesús”. ¡Olé, si Señor! 

Dios nunca deja de sorprendernos, siempre tiene algo que decirnos, y la mayoría de veces no es nada novedoso, se dedica a destapar regalos que nos ha hecho y que no nos hemos molestado en abrir, aparcándolos como algo sin importancia para abrirlos más tarde. Pues sí, uno de esos regalos que he dejado al descubierto ha sido a través de las palabras de mis hijas al advertirme de que Jesús estaba allí presente y que por eso había que estar lo más cerca posible de él.

¿Cuántas veces nos ponemos en los últimos bancos de la Iglesia?... Decía una vez un sacerdote, que "si el templo fuera un avión, no despegaría nunca, por el gran peso que tiene en la cola, haciendo referencia al vacío de los primeros lugares". 

El último lugar. Es verdad, los últimos bancos siempre están llenos y los tres o cuatro de las primeras filas, apenas puede encontrarse a alguien sentado en ellos; a menudo personas de avanzada edad que forzosamente por su falta de vista u oído o  por la misma convicción de mis hijas, las encontramos allí. ¿Qué pasa con los primeros bancos? ¿Tenemos miedo de algo? ¿Al sacerdote, a los comentarios de los demás, una falsa humildad?... La verdad es que no encuentro respuesta para esa alergia a esos asientos. Algunos recurren a la parábola del fariseo y el publicano, para mantener su postura. ¿De verdad es eso?...

Si Jesús, un día avisara de que, en el momento de la misa, o de la exposición del Santísimo aparecería de forma física con todos sus rasgos corporales cuando menos lo esperásemos, me apuesto a que no cabía un alfiler delante del altar. O si el papa Francisco o algún personaje famoso viniera a nuestra parroquia, ¿cuántas horas antes estaríamos sentados en primera fila, para que nadie nos quitara el primer lugar?

A veces parece que no acabo  de creer en tu presencia Señor, que necesito tocar tus llagas como Tomás, para ver. No vivo enamorado, tal vez no arde mi corazón por ti. ¿Me he enterado de que has venido a mí, de que has sido tú el que me has llamado y deseado ese encuentro en tu casa? ¿No desean los enamorados que el reloj corra deprisa para acudir a su cita juntos? Se visten mejor, se perfuman, se preparan, salen con antelación y desean estar lo más cerca posible el uno del otro. ¿No estás en la Iglesia Señor? ¿No eres el mismo Jesús de Nazaret que vivió con los apóstoles, que murió en la cruz y que resucitó al tercer día? ¿Lo creo o no? Porque si lo creo ¿qué hago en el último banco? ¿por qué no quiero estar cerquita de ti, porqué llego justito justito a la misa cuando no tarde? 

Nuestra fe pasa por el desaliento o debilidad, cuando no esperamos con anhelo ese encuentro, cuando la misa se convierte en un hueco que hay que rellenar los días de fiesta, cumpliendo el precepto y saliendo corriendo para otras cosas que anteponemos a Dios. 

Si la Eucaristía no me transforma es que no me he enterado de lo que allí sucede. Podré ir a diario, pero si mi vida no cambia, es que mi asistencia, mi escucha de la Palabra de Dios y el deseo de recibir al mismo Dios, está lleno de muchas cosas, pero vacío de amor. Si no enciende en mí el deseo del encuentro, es que hablamos de un amor muy pequeñito. No hablo de sentir o no sentir, podemos estar experimentando “nada” ante el misterio de la Eucaristía. La cercanía de Dios es algo que está, lo sintamos o no. Somos inestables, por eso en un solo día podemos percibir toda una gama de sentimientos, debido a la” pura química del cuerpo”, que no afecta al espíritu. 

Cuando vamos a la casa de un amigo o de un familiar querido, al primero que saludamos es al dueño de la casa ¿no? Pues eso. Cuando vamos a la Iglesia al primero que hay que saludar es al Dueño de la Casa, y lo mejor es cerquita. Esas primeras filas nos ayudan a no distraernos fácilmente. ¿Socializar? Afuera ¿hablar con el vecino que tenía tiempo sin ver? Afuera. Que dentro hay que estar con el Dueño de la Casa. 

A veces pienso que un no cristiano que conociera los Evangelios y entrara en una misa “normal” se llevaría una gran decepción. Tertuliano en el S.II hablando de los cristianos escribía “ Mirad cómo se aman”.  ¿Quién escapa corriendo en cuanto acaba el banquete preparado para él?¿Quién se sienta en su casa a diez metros de sus hermanos? ...Sentaditos de la mitad de la iglesia para atrás, como la mayoría, quita, quita, no vaya a ser que se entre en Calor y veamos… y con el Calor se te quiten los dolores de los pretextos y la Misa te vaya transformando y ampliando el corazón y cada día sea un nuevo servicio de amor y crezcas y … quita, quita… 

Compartí hace tiempo un texto que hablaba de puertas; de una especial, la de la casa de Dios, la de cada una de las iglesias que albergan el Cuerpo de su Hijo. 

A menudo hemos entrado en la iglesia a través de la puerta, y en cada ocasión ésta ha dicho algo. ¿Lo hemos percibido? Cuando pasas a través de su marco y estás interiormente despierto, entonces sientes: ahora abandono lo exterior, penetro en algo interior. 

La puerta se encuentra entre el exterior y el interior, entre el mercado y el santuario, entre lo que pertenece a todo el mundo y lo que pertenece al Dios sagrado. Cuando uno atraviesa la puerta, ésta le dice: deja afuera pensamientos, deseos, preocupaciones, curiosidad, vanidad, porque no les corresponde entrar. Deja Afuera Todo lo que no es sagrado. Purifícate, penetras en el santuario ¡No deberíamos pasar precipitadamente por la puerta!

Mis hijas al invitarme sin saberlo, a desenvolver el regalo que tenía abandonado, me hicieron ver que no es baladí el lugar que queremos ocupar al traspasar la puerta de la Casa más importante. Es verdad que el sitio no importa tanto, (puede haber mil razones para no colocarse adelante) sino el recogimiento y la disposición interior. Pero cuando no hay motivos importantes ¿por qué no estar cerquita,  cerquita del Dueño de la Casa? 

5 comentarios:

  1. Un olé por esas hijas que tienes, se ve que han tenido un magnífico testimonio de tu parte.Saludos cordiales

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  2. Toda la razón! Yo soy de las que me pongo cerquita siempre, me gusta y además me ayuda a centrarme en lo importante para que nada me distraiga, pero es cierto que la gran mayoría se sienta en los bancos finales.
    Una buena y necesaria reflexión Ángel. Gracias!

    En cuanto a la canción "Cerca de ti" te diré que es mi preferida, mi gente más cercana ya saben que esta canción en mi funeral no puede faltar, no hay una sola vez que la escuche y que no se me escapen las lágrimas, me emociona y me conmueve.

    Un abrazo!!

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  3. Estar cerca de Jesús...¡qué maravilla!
    ¡un cielo anticipado!
    Dios te guarde siempre

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  4. Siempre reconforta leerte, gracias!

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  5. Hacía días q no te leía, me gusta mucho y pienso lo mismo q tu, eso de los primeros bancos. Siempre q voy a misa me pongo delante. 😍👍🏼👏🏼👏🏼👏🏼
    Pongo los iconos pq no puedo darte un abrazo. Todo virtual ;)

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