¡Soy Yo! No tengas miedo


Cuántas veces en nuestra vida, deseamos fervientemente “sentir” que Dios está cerca de nosotros, de forma especial en esos momentos donde la dificultad y la cuesta arriba se presenta de forma abrupta. Lo queremos cercano y sin embargo nos parece que no podemos escucharlo. Es fácil abandonarse en la peligrosa sensación de abandono o soledad. Basta leer la vida de algunos santos o los numerosos testimonio de muchos cristianos de hoy día , que al encontrarse en dificultades, abrumados por el sufrimiento, las incomprensiones o los simples malentendidos, confían en el silencio seguros de que allí encontrarán a Quien sabe les consolará.

¡Cuantas veces lo intentamos! Dejar de lado lo que cada día nos absorbe por completo y encontrar lo que realmente importa en la vida. Necesitamos crear esa atmósfera de silencio dentro y fuera de nosotros, para que en la serenidad podamos discernir qué se debe cultivar y lo que se debe corregir. En definitiva, tratar de poner orden en nuestra vida. El ruido que el mundo crea a nuestro alrededor, la mayor parte del tiempo es solo una distracción, para evitar los miedos y las inconsistencias que llevamos dentro, pero solo amenaza con hacernos ir a casa con otro "sabor amargo".

Recuerdo cuando realicé una semana del camino a Santiago. Tuve la oportunidad de hacer muchas caminatas en silencio, me ayudó a explorar la verdad de la vida. Hacer emerger lo inútil o perjudicial para llevar una vida según Cristo, un verdadero modelo para el aquí y el después. El silencio fue una oportunidad preciosa para redescubrirme y gustar la presencia del Señor en mi corazón y en mi vida. Tantas personas que conocí en el camino. Con ellos surgió la oportunidad de dialogar y salir siempre diferente. Regresé a casa con el coraje de comenzar de nuevo o de continuar, sería la expresión más correcta.

Me viene a la mente el pasaje de Mateo :

"Habiendo despedido a la multitud, Jesús subió a la montaña, solo, para orar". Me llama la atención este intenso deseo de Jesús de “quedarse solo y orar”. ¿No es una invitación a imitarlo?... "Al llegar la noche, estaba allí él solo, mientras la barca ya iba bastante lejos de tierra firme. Las olas azotaban la barca, porque tenían el viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos caminando sobre el agua.  Cuando los discípulos lo vieron andar sobre el agua, se asustaron, y gritaron llenos de miedo: ¡Es un fantasma! Pero Jesús les habló, diciéndoles: ¡Calma! ¡Soy yo: no tengáis miedo!"

Todos sentimos la dureza de la vida que, a veces, es como un cruce tormentoso sobre el mar de la existencia. La familia, el trabajo, las enfermedades, las dificultades, los malentendidos y muchas otras situaciones a veces se escuchan como "huesos rotos". Pero lo que más nos vacía es sentirnos "perdidos", como los apóstoles en el barco, en mares agitados, con la sensación de que nadie puede echarnos una mano ... si no es Dios ... o un verdadero amigo. Pero para sentir Su Presencia, que siempre es discreta, , es necesario saber cómo preparar nuestro corazón para escuchar. Escribía San Juan XXIII : "En las 'tormentas' de la vida debemos encontrar momentos de silencio, de oración, de calma, para redescubrir la Presencia de Dios en nuestras vidas".

¿Cuántas veces nos encontramos en tal dificultad, que creemos que no podemos superarla? Es raro que nuestra vida diaria sea como un mar en calma. El obstáculo se presenta cuando las aguas están tan agitadas que hace imposible caminar sobre ellas. En esos momentos se mide” la calidad” de nuestra fe. Solo aquellos que tienen una fe profunda y radical encuentran la fuerza para seguir. Pero se necesita mucha, mucha fe y abandono. A menudo pedimos lo imposible, pero luego nos falta confianza, tenemos miedo de 'caminar sobre el agua' y no entendemos que es hora de confiar en el poder de Jesús, quien nunca deja de manifestarse, nos apoya y guía en el camino aunque tal vez, no en las formas que nos gustaría.

Por supuesto que tenemos poca fe, Señor, ¿te das cuenta ahora? Por supuesto, luchamos para creer con la mirada luminosa que te ha caracterizado y que envidiamos. Recuerdo otro pasaje de tu evangelio donde mostraste la fe que le pediste a la mujer sirofenicia que se alimentaba de las migajas de tu presencia. "Pero acercándose ella, se postró ante El, diciendo: ¡Señor, socórreme!  Y El respondió y dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echárselo a los perrillos.  Pero ella dijo: Sí, Señor; pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.  Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Oh mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas". 

No lo olvidemos cuando estemos en la tormenta: "¡Calma! ¡Soy Yo: no tengáis miedo! "(Mt, 14,27)

4 comentarios:

  1. La fe siempre debe prevalecer para No sentirse abandonada; aunque las circunstancias de la vida estén patas para arriba. Espero me entiendan porque algunas veces no encuentro la palabra adecuada. Con fe siempre existirá esa esperanza de que todo es pasajero y el tiempo de Dios es perfecto.

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  2. Cuánta paz nos da saber y sentir que Dios está siempre a nuestro lado. Preciosa reflexión amigo. Un abrazo

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  3. Sabiendo que en la tormenta está Él deberíamos tener asegurada esa calma pero ¡cuantas veces la perdemos!.........aunque después nos arrepentimos y nos llenamos de buenos propósitos. Pido esa fuerza interior para lograr esa calma tan necesaria.Saludos

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  4. Angel, vivir con Él, en soledad acompañada de alta montaña, te leo y es como si una hermosa águila bajara y me llevara más arriba, duc in altum. Te leo Ángel y escucho a Jesús y no tengo miedo... Gracias.

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