Se Necesita Amor... pero mucho Amor...
Para huir de los chismes cuando los demás se deleitan en ellos.
Para defender a una persona ausente a quien sé crítica abusivamente.
Para ser verdaderamente hombre o mujer aferrándose a nuestros ideales cuando esto nos hace parecer extraños o singulares.
Para guardar silencio en ocasiones que una palabra nos limpiaría del mal ,que se dice de
nosotros, pero perjudicaría a otra persona.
Para vivir según nuestras convicciones.
Para ser lo que somos y no pretender ser lo que no somos.
Para vivir honradamente dentro de nuestros recursos y no deshonradamente a expensas de otros.
Para ver en las ruinas de un desastre que nos mortifica y humilla los elementos de un éxito futuro.
Para negarnos a hacer una cosa que es mala, aunque otros la hagan.
Para no juzgar sino mas bien comprender.
Para respetar al otro y aceptarlo como es con sus virtudes y sus defectos.
Y sobre todo para dar a Dios el lugar que se merece en nuestra vida...el mejor!


He permanecido un tiempo desactivado de las redes sociales. Y nada más comenzar este post, caigo en la cuenta de que para iniciarlo, he adoptado un lenguaje más propio de androides que de personas humanas, y os aseguro que no ha sido fácil la desactivación, porque los efectos colaterales que ella produjo, me llevaron  una buena tarde de pelea con la red, por la anulación de servicios relacionados con las cuentas activas.

Hoy no quiero dejar de recordar un aniversario. Pepito hace dos años que se marchó hacia el cielo, tras nueve horas de vida en esta tierra, transformando muchos corazones, removiendo conciencias, planteando preguntas y entregando una buena dosis de fuerza y aliento para los que creemos que la vida es el don más hermoso que Dios nos ha dado, porque ella nos dice que Él ha pensado en cada uno de nosotros de forma particular, para llenarlo de su amor.


Hay una profunda diferencia entre estas dos clases de fe: Creer en alguien o creer en algo. La fe que salva, que cura y que da poder es una fe centrada en Dios como ser, más que una fe doctrinal. Es una fe que nace de una relación amorosa con Dios y que se refleja en buenas acciones y una vida correcta. 

Una fe viva es la fe que da fuerzas en las crisis y no se tambalea tan fácil cuando llegan las penas. Todo lo contrario de lo que pasa con una fe superficial y ocasional que se cae como árbol sin raíces en la tempestad.

Si algo visible se carga con los años, es la experiencia, que recibe buenas dosis de cosas buenas y valiosas y otras de las que nos gustaría despojarnos; en todo caso ella marca muchas rutas de nuestro presente.

He visto gente convertirse a la fe, otros que la han perdido y otros que se quedan en “tierra de nadie”, aquellos que se han situado bajo la bandera de la conciencia. He oído en varias ocasiones afirmaciones como la que un día compartió conmigo alguien muy cercano y querido: “Lo importante es seguir tu conciencia, y esa es la que cuenta para Dios”.

Resulta más o menos fácil, dirigirnos a Dios con una disponibilidad de total abandono en él cuando los acontecimientos que vivimos a diario siguen una cómoda rutina. Hablamos con fluidez sobre aceptar todo lo que viene del Creador. De vez en cuando podemos ejercitarnos en ello, cuando experimentamos alguna contrariedad en nuestros planes, o súplicas. En esas situaciones, lo que nos resultaba sencillo de cumplir, enmudece nuestros labios y nuestro corazón.


Leía hace unos días una noticia que me llamó profundamente la atención. La busqué en otros medios de información pensando que solo sería el resultado de un periodista poco inspirado, o instalado en su mesa de trabajo, presentando noticias que no supusieran un estrujamiento del cerebro para concienciar a sus lectores; pero la realidad me dejó perplejo. Encontré la misma primicia en varios diarios del país. Os confieso que me entristeció. No por el suceso que plasmaban, sino por la relevancia que se le otorgaba, ocupando una página entera, ante un mundo lleno de acontecimientos, que reclaman urgente la atención de toda la humanidad. Un mundo insolidario, que se topa a diario con el dolor, sufrimiento, miedos, injusticias. Un mundo necesitado de soluciones.

En julio se estrenó una nueva versión en inglés sobre la vida del fundador de la Compañía de Jesús, titulada “Ignacio de Loyola”, uno de los santos más famosos de la Iglesia.

El filme narra la historia de Iñigo, un joven soldado noble y arrogante que tras ser herido en combate tiene un proceso de conversión. También se centra en el combate espiritual del santo y cómo surge la espiritualidad ignaciana que le llevó a fundar la orden de los jesuitas que perdura hasta la actualidad.

La vida no se mide ganando puntos (como en un juego).
La vida no se mide por el número de amigos que tienes, ni por como te aceptan los otros, ni por los planes que tienes para el fin de semana, ni por si te quedas en casa solo. 
No se mide según con quien sales, con quien solías salir ni por el número de personas con quien has salido, ni por si no has salido nunca  con nadie.

Otra de las películas que pronto verán la luz y que se presenta interesantísima en la temática que toca es "Silencio", del director Martin Scorsese, quien afirma que ha costado mucho tiempo. De formación católica, habla de ello desde 2004 y aún antes, pero parece que al final su película Silencio, sobre los cristianos perseguidos en el Japón de los samurais, aún sin fecha de estreno.