No sé si es porque las fiestas se acabaron, si es porque no les tocó la lotería, o simplemente porque el siglo XXI se está caracterizando por un egocentrismo que se olvida fácilmente de lo que significa disculpar, ayudar, debatir, aconsejar, pedir perdón y unos cuantos verbos más ,vinculados a la relación con el prójimo.Llevo una semanas que de forma especial, me he topado  con  varios episodios de agresivad oral y física que sinceramente me dejan preocupado.

De tiempos remotos las relaciones del hombre con la divinidad han sido siempre una historia de amores y de desamores, en cualquier época y en cualquier religión. O Dios estaba en todas partes, y con él se contaba y de él se dependía en todo momento, o Dios era algo inútil, olvidado, innecesario, un estorbo o un peso alienante del que convenía desembarazarse cuanto antes. Con Dios o contra Dios, no había otra salida. Pero eso era antes. Ahora, en cambio, los hombres parecen haber encontrado una tercera vía: la indiferencia o el indiferentismo religioso. “Sin Dios, se vive como Dios”


Aquí en España, el populismo creciente que se ha instalado en la política con argumentos que acaban provocando vergüenza ajena, parece tener como uno de los objetivos prioritarios, acabar con las tradiciones que llevan el sello de todo lo relacionado con el cristianismo. Están convencidos de que pueden acabar con la Iglesia poniendo en práctica rancias ideas y propuestas.

Otros como ellos, han visto transcurrir los días intentándolo sin conseguirlo. Algunos ante la llamada de la muerte a sus puertas, han sabido reconocer el error de su aventura.  Yo sigo viendo en pleno siglo XXI, a los cristianos coherentes con su fe , más firmes que nunca. La luz sigue encendida.

"No te preocupes por el mañana, el cual se preocupará por sí mismo. Cada día trae suficiente problema en sí mismo". En otras palabras, viva un día a la vez. 

¿Sabías que...

El 85% de nuestras preocupaciones nunca se cumplirán?

Hoy ,es difícil concebir, que el padre no esté presente en el momento del parto. No solo cumple la función de estar al lado de la esposa para reconfortarla en esos momentos de dolor, sino que se prepara de forma diferente, a la venida de un nuevo ser humano en su vida. Puede descubrir la maravilla de observar el gran milagro que Dios culmina, con el nacimiento de un bebé . Su hijo o hija. Pocos son los padres que no se hayan emocionado ante tan gran acontecimiento. Todos coinciden en que es lo más hermoso que han podido vivir.

Anteayer leí unas palabras que no eran nuevas para mí, pero como suele ocurrir en tantas ocasiones, las mismas palabras en el día adecuado, producen el efecto por el que fueron escritas. Es como cuando vas en el coche y te das cuenta de que te has pasado una señal de aviso importante, entonces frenas e intentas enterarte de lo que la señal quería advertirte. Algo parecido experimenté al leer. “Fíjate: te llevo tatuada en la palma de mis manos” (Is 49, 14-16). Otras traducciones ponen: “llevo tu nombre grabado en las palmas de mi mano”. En cualquiera de ellas, la idea es realzar la importancia que tenemos cada uno para Dios.


Se Necesita Amor... pero mucho Amor...
Para huir de los chismes cuando los demás se deleitan en ellos.
Para defender a una persona ausente a quien sé crítica abusivamente.
Para ser verdaderamente hombre o mujer aferrándose a nuestros ideales cuando esto nos hace parecer extraños o singulares.
Para guardar silencio en ocasiones que una palabra nos limpiaría del mal ,que se dice de
nosotros, pero perjudicaría a otra persona.
Para vivir según nuestras convicciones.
Para ser lo que somos y no pretender ser lo que no somos.
Para vivir honradamente dentro de nuestros recursos y no deshonradamente a expensas de otros.
Para ver en las ruinas de un desastre que nos mortifica y humilla los elementos de un éxito futuro.
Para negarnos a hacer una cosa que es mala, aunque otros la hagan.
Para no juzgar sino mas bien comprender.
Para respetar al otro y aceptarlo como es con sus virtudes y sus defectos.
Y sobre todo para dar a Dios el lugar que se merece en nuestra vida...el mejor!


He permanecido un tiempo desactivado de las redes sociales. Y nada más comenzar este post, caigo en la cuenta de que para iniciarlo, he adoptado un lenguaje más propio de androides que de personas humanas, y os aseguro que no ha sido fácil la desactivación, porque los efectos colaterales que ella produjo, me llevaron  una buena tarde de pelea con la red, por la anulación de servicios relacionados con las cuentas activas.

Hoy no quiero dejar de recordar un aniversario. Pepito hace dos años que se marchó hacia el cielo, tras nueve horas de vida en esta tierra, transformando muchos corazones, removiendo conciencias, planteando preguntas y entregando una buena dosis de fuerza y aliento para los que creemos que la vida es el don más hermoso que Dios nos ha dado, porque ella nos dice que Él ha pensado en cada uno de nosotros de forma particular, para llenarlo de su amor.


Hay una profunda diferencia entre estas dos clases de fe: Creer en alguien o creer en algo. La fe que salva, que cura y que da poder es una fe centrada en Dios como ser, más que una fe doctrinal. Es una fe que nace de una relación amorosa con Dios y que se refleja en buenas acciones y una vida correcta. 

Una fe viva es la fe que da fuerzas en las crisis y no se tambalea tan fácil cuando llegan las penas. Todo lo contrario de lo que pasa con una fe superficial y ocasional que se cae como árbol sin raíces en la tempestad.